Vox se deshilacha: otra baja que no admite sosiego
La coordinadora en Campos del Río dimite y agrava la crisis interna tras nuevas salidas

Redacción · Más España


La dimisión de Marysa Ruiz como coordinadora de Vox en Campos del Río no es un simple repliegue local: es un síntoma que se suma y acentúa una crisis orgánica que el partido parece incapaz de contener. Ruiz ha anunciado, a través de un comunicado en sus redes sociales, que abandona la formación y se desvincula de cualquier responsabilidad, actividad o relación con la organización que lidera Santiago Abascal.
En su propia explicación, Ruiz apunta a los "acontecimientos" recientes dentro del partido, a la "situación interna" y al "rumbo" que ha tomado la organización, razones por las que ha dejado de sentirse "identificada con el proyecto" y con la "manera en la que se están gestionando determinadas cuestiones". Por "coherencia personal" y "respeto a mis principios y valores" opta por dar un paso al lado y cerrar esta etapa de forma definitiva, agradeciendo además a quienes coincidieron con ella en el tiempo de militancia.
No es un caso aislado. Un día antes, la concejal María Guerrero dejó el grupo municipal de Vox en Murcia, conservando su acta como edil no adscrita, y denunció el "trato recibido" por parte del portavoz local, Luis Gestoso, señalando la ausencia de "la más mínima educación y respeto" y lamentando que el partido no respondiera a sus quejas hasta meses después y solo tras una baja médica por ansiedad.
Y la lista de salidas recientes no se detiene ahí: la semana anterior, Iñaki Mendiolea, ex jefe de gabinete de José Ángel Antelo, anunció su adiós afirmando que la formación estaba "secuestrada por cuatro 'illuminatis'" y pidió la dimisión del Secretario General, Ignacio Garriga, y de Montserrat Lluís. Tres renuncias o rupturas en plazos próximos configuran un panorama de desafección interna que resulta inapelable en su contundencia.
Los hechos, sin adornos, hablan por sí mismos: dirigentes que se van, acusaciones de mala gestión interna, denuncias públicas por trato y comunicación rota entre afiliados y cúpula. Es un mapa de fricciones que obliga a preguntas incómodas: ¿puede un proyecto político sostenerse cuando sus estructuras y su trato interno fracturan la lealtad de sus cuadros? ¿Qué respuesta ofrece la dirección ante una cascada de salidas y reproches públicos?
Vox afronta, en estas semanas de hechos públicos, una prueba que no es menor: la coherencia orgánica y la capacidad de gestión interna. Quienes velan por la estabilidad de los partidos suelen recordar que la fortaleza externa se cimenta en la disciplina interna; cuando esta falla, el relato político se resquebraja y la palabra "proyecto" corre el riesgo de quedarse vacía. Los hechos recientes, registrados hasta el 7 de mayo de 2026, dibujan precisamente ese riesgo.
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