Vox afila su mensaje y suma poder autonómico sin renunciar al pulso a Feijóo
Una estrategia de doble filo: acuerdos con barones del PP y críticas abiertas a Génova

Redacción · Más España


El 6 de marzo marcó, según los hechos, un punto de inflexión en la relación entre Vox y el PP. Fue ese día cuando Santiago Abascal pronunció que «el problema no está siendo [María] Guardiola», y la frase pasó a simbolizar un giro estratégico: pactar con determinados barones populares sin renunciar a lanzar una oposición permanente a la dirección de Génova y a su líder, Alberto Núñez Feijóo.
La lógica es nítida y voluntariosa. Vox ha conjugado dos posiciones que, en apariencia, podrían ser contradictorias: por un lado, cerrar acuerdos de gobierno en comunidades como Extremadura y Aragón —con presencia en ejecutivos autonómicos y consejerías—; por otro, esculpir en su discurso la idea de que Génova es, a nivel nacional, la diana a batir. Ese patrón discursivo se hizo visible en la comparecencia en la que el dirigente de Vox en Aragón, Alejandro Nolasco, y el popular Jorge Azcón anunciaron un pacto: reconocimiento al acuerdo con el PP regional acompañado de críticas explícitas a la dirección nacional.
El relato que construye Vox no elude hechos concretos: los pactos se alcanzan «con el PP de Extremadura, con Guardiola», y esa mención sirve para justificar su entrada en gobiernos autonómicos —dos consejerías en Extremadura, tres carteras en Aragón, según el relato periodístico— mientras se mantiene la distancia con Génova. Es una estrategia calculada: acumular poder territorial sin conceder a Feijóo el crédito de la suma que se fragua en los territorios.
Las ofensivas verbales no son menores. Ignacio Garriga, número dos de Vox, envió a la militancia una carta apuntando a «la dirección actual del PP» como origen de un ataque contra su formación, y llegó a calificar en términos duros a Feijóo y a su número dos, Miguel Tellado, mientras protegía la figura de los barones regionales. Abascal, por su parte, arrancó la campaña extremeña con críticas directas a Guardiola y comparaciones destinadas a marcar distancias internas en el PP.
El resultado práctico es que Vox, según lo noticiado, acumula responsabilidad de gobierno autonómico junto al PP y, al mismo tiempo, mantiene una relación de choque con la cúpula popular. Feijóo dio un paso al frente al asumir la coordinación de los pactos y publicó un documento marco con líneas rojas; esa intervención de Génova, lejos de pacificar, intensificó el tono crítico de Vox. La paradoja estratégica está servida: gobernar con los barones y desgastar a la dirección nacional.
Queda, sobre la mesa, una pregunta que los hechos plantean sin responder: cómo sostendrá Vox esa doble línea durante las próximas campañas, como la andaluza, en las que deberá defender acuerdos con el PP mientras compite por un electorado compartido. Lo que ha cambiado es evidente: la acumulación de poder autonómico va acompañada de una estrategia discursiva destinada a marcar una distancia nítida con Feijóo y con Génova. Ese es, hoy, el mapa político que describen los hechos.
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