Volver al papel: la enmienda necesaria para salvar la lectura en España
El PP propone blindar una hora semanal de lectura y priorizar el libro físico frente a las pantallas

Redacción · Más España


España se enfrenta a una realidad incómoda que no admite complacencias: la comprensión lectora de nuestros jóvenes no mejora y, según los datos manejados por el PP, un 31% de los universitarios se sitúa en niveles bajos, por encima de la media OCDE (26%) y de la cifra de hace una década (28%). Esos números no son meras estadísticas: son grietas en los cimientos de la educación que ponen en riesgo la adquisición de conocimientos en todas las materias.
Partiendo de esa constatación, el PP plantea un cambio de rumbo nítido y decidido. Su Plan de Lectura quiere consagrar —mediante modificación legal si gobierna tras 2027— al menos una hora semanal de lectura obligatoria y protegida en el currículo de Primaria y Secundaria, transformar las bibliotecas escolares en el centro de los centros y dar "prioridad absoluta" al libro en papel. La lectura en pantalla quedaría relegada "a la mínima expresión", reservada solo para usos específicos y con criterio didáctico.
La propuesta no es espontánea ni oportunista: según fuentes del PP, parte de investigaciones que vinculan la fluidez lectora temprana con posteriores resultados académicos y hasta con perspectivas laborales futuras. Por eso propone empezar en Infantil y poner especial empeño en 1.º y 2.º de la ESO, una etapa crítica donde, afirman, muchos alumnos que antes leían abandonan el hábito al recibir el móvil.
No se trata solo de cambiar horarios: la iniciativa aboga por dos principios transversales. El primero, la prioridad del soporte físico para la lectura profunda; el segundo, la necesidad de una monitorización continua y rigurosa del progreso lector individual. El PP reclama que cada centro cuente con espacios lectores y con un sistema de evaluación que permita detectar retrocesos y aplicar refuerzos con rapidez.
La vuelta a la escritura a mano ocupa también un lugar destacado en la propuesta. Fuentes del PP sostienen que tomar apuntes a mano mejora la memoria y la comprensión conceptual, y sostienen que los alumnos que escriben a mano aumentan sus probabilidades de obtener sobresalientes —una afirmación que ponen sobre la mesa como argumento pedagógico—. En paralelo, la lectura "acompañada" por docentes o familias y una selección de lecturas clásicas adaptadas por etapas completarían la hoja de ruta.
La iniciativa supone, en consecuencias, un giro contundente respecto a dos décadas de despliegue tecnológico en las aulas. El PP lo justifica además en estudios recientes sobre el impacto negativo de las pantallas en el aprendizaje y la salud física y psíquica, y propone, en suma, un regreso a lo básico: papel, tiempo protegido para leer, espacios dedicados y evaluación rigurosa.
Queda abierto el debate sobre medios y métodos, pero no caben dudas sobre el objetivo que el Plan enuncia: consolidar el hábito lector como cimiento de la educación, herramienta de libertad intelectual y escudo contra la manipulación. Si el diagnóstico —la baja comprensión lectora— es correcto, la propuesta exige una decisión: ¿seguir incrementando pantallas o blindar el tiempo y el espacio para la lectura profunda en papel? Esa es la encrucijada que plantea la iniciativa popular.
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