Volver a la Luna: una necesidad estratégica, no un capricho
Artemis II y la nueva carrera lunar impulsan objetivos científicos, económicos y geopolíticos

Redacción · Más España


Este 1 de abril la NASA emprende Artemis II: cuatro astronautas que rodearán la Luna para allanar el camino a un alunizaje y, con el tiempo, a una base lunar. No es una repetición de los éxitos de hace medio siglo; es la primera jugada pública de un proyecto que hasta la fecha ha costado 93.000 millones de dólares y ha movilizado a miles de personas.
El paisaje lunar, a simple vista árido y eterno, esconde ventajas materiales que explican la inversión. Según la científica planetaria Sara Russell, la Luna contiene los mismos elementos que la Tierra: tierras raras, hierro, titanio y helio, entre otros. Y, sobre todo, agua: atrapada en minerales y acumulada en hielos en cráteres polares que permanecen en sombra. Esa agua no es un lujo científico: es el elemento que posibilita la vida prolongada fuera de la Tierra, que se puede transformar en oxígeno, hidrógeno y, por tanto, en aire respirable y combustible para naves.
No se trata solo de recursos. La dimensión geopolítica vuelve a cobrar protagonismo. La competencia espacial que en los años sesenta enfrentó a Estados Unidos con la Unión Soviética hoy tiene otro actor: China, que ha avanzado en su programa lunar y plantea llevar humanos a la Luna hacia 2030. El prestigio del primer alunizaje ya no es suficiente: importa el lugar donde se planta la bandera y el acceso a las zonas con más recursos.
El marco legal añade matices: el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 prohíbe la apropiación territorial de la Luna, pero expertos como Helen Sharman señalan que, en la práctica, se puede operar en un terreno y aprovecharlo. No se adquiere la luna como propiedad, pero se puede utilizar el terreno mientras se esté allí.
Por último, la Luna es el banco de pruebas para Marte. La NASA proyecta enviar humanos al planeta rojo en la década de 2030 y, según Libby Jackson, vivir y quedarse en la Luna es mucho más seguro, barato y útil para ensayar tecnologías críticas: generación de aire y agua, producción de energía, construcción de hábitats y protección frente a temperaturas extremas y radiación. Probar esas soluciones en la Luna reduce el riesgo de consecuencias catastróficas si se hicieran por primera vez en Marte.
Artemis II no es mero espectáculo: es inversión en conocimiento, competencia por recursos y preparación tecnológica. Quienes miran a la Luna pensando que ya estuvo tachada de la lista deberían atender a la combinación de ciencias, economía y geopolítica que trae consigo esta nueva era lunar.
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