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Veintena de papeles desclasificados: la memoria del 23-F sale al sol

El Congreso abre al público actas, interrogatorios y hasta el recuento de bebidas que consumieron los asaltantes

Redacción Más España

Redacción · Más España

27 de abril de 2026 3 min de lectura
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Veintena de papeles desclasificados: la memoria del 23-F sale al sol
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La democracia tiene memoria y, a veces, esa memoria llega en forma de papeles. El Congreso de los Diputados ha puesto a disposición pública una veintena de documentos relacionados con el golpe del 23 de febrero de 1981 que permanecían catalogados como secretos, pese a que su contenido ya había sido difundido con anterioridad por la prensa.

Se trata de material que completa y concreta episodios decisivos: el acta del pleno secreto celebrado el 17 de marzo de 1981 —24 días después de la intentona— que recoge las 64 páginas del relato pormenorizado del ministro de Defensa, Alberto Oliart; los informes de los secretarios de la Mesa; notas internas que documentan la tensión entre mandos y agentes de Policía y Guardia Civil; e incluso el interrogatorio judicial a Landelino Lavilla sobre lo que oyó o no de Tejero.

El acta taquigráfica desclasificada confirma, según el propio documento, que el teniente general Jaime Milans del Bosch, invocando el nombre del rey Juan Carlos, ultimó preparativos de la asonada la mañana del 22 de febrero; que el general Alfonso Armada participó en las maniobras conspirativas; y que el relato cronológico de Oliart fue acompañado por intervenciones de portavoces —entre ellas la de Felipe González— pidiendo aclaraciones.

Los papeles recogen también imágenes humanas y mínimas del asedio: notas manuscritas con tachaduras sobre quiénes se sintieron indispuestos y recibieron asistencia, actas que relatan el temor a cortes de luz, la inquietud por si Tejero ordenaba disparar y el peligro de incendio por los materiales de madera. Apariciones memorables aparecen también en los folios: el episodio en que Manuel Fraga, visiblemente exaltado, se abrió la chaqueta y desafió a que le ametrallasen; o la anécdota del diputado Lluís Maria de Puig al que le impidieron seguir leyendo un libro de poesía de Rafael Masó.

Entre los documentos figura, además, el recuento detallado del servicio de intendencia con lo consumido por los militares y guardias civiles que tomaron las instalaciones: 106.672 pesetas (641 euros) en bebidas, 93.343 pesetas (561 euros) en cocina, entre 4.000 y 5.000 pesetas en propinas, y 58.400 pesetas (351 euros) en tabaco. El desglose incluye preferencias tan concretas como 22 botellas de whisky, 35 de Bitter Kas y Cinzano, 15 de champagne y cuatro botellas de Moët & Chandon, junto a productos de cocina como bonito en escabeche y espárragos.

Diez meses después del golpe, el intendente y el arquitecto conservador confeccionaron los albaranes con el coste de los daños causados por las 37 balas disparadas, 14 de ellas identificadas en el techo del hemiciclo, detalle que sigue despertando interés entre quienes visitan el Congreso.

La desclasificación —que se suma a la disposición publicada en el BOE el 24 de febrero tras el acuerdo del Consejo de Ministros— responde a reclamaciones de historiadores y de formaciones como el PNV. Sea cual sea la motivación, el resultado es el mismo: la Cámara entrega ahora a la ciudadanía documentos que permiten leer, con letra firme y sin intermediarios, cómo fueron aquellas horas en las que la democracia estuvo seriamente en peligro.

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