Vega Baja: la huida de la basura hacia Madrid y Teruel revela una estrategia de emergencia
La comarca afronta dependencia exterior y costes crecientes mientras la planta propia tarda en materializarse

Redacción · Más España


La Vega Baja se enfrenta a una realidad que incomoda: la gestión de sus residuos está obligada a mirar más allá de sus fronteras. El presidente del Consorcio de basuras, Francisco Cano, lo ha dicho sin paños calientes: se exploran destinos como Teruel y Madrid porque no hay planta propia capaz de asumir las cerca de 200.000 toneladas anuales que genera la comarca.
No es una metáfora, es logística y economía: repartir la basura "en aquellos sitios donde nos dejan entrar" se ha convertido en la norma. Hoy se envía ya a provincias como Cuenca o Almería, con trayectos que alcanzan cientos de kilómetros; mañana, la red podría ampliarse a Madrid y Teruel. Una dispersión geográfica que no es neutra: implica costes mayores y complejidad en la cadena de tratamiento.
La dependencia de hasta 13 plantas distintas pone de manifiesto la fragilidad del sistema. Cualquier avería o limitación de capacidad obliga a redirigir residuos de forma inmediata. Así lo reconoce Cano, que reclama un 'plan B' permanente: no una solución coyuntural, sino una alternativa estable frente a incidencias y picos de generación, especialmente en verano.
Conviene no trivializar un dato puntual: las instalaciones actuales son solo centros de transferencia. "No podemos acumular residuos", afirma el presidente. Esa incapacidad de almacenamiento prolongado obliga a una red de destinos activos y a un ritmo logístico que encarece el servicio y tensiona la operativa cotidiana.
El impacto económico es directo y previsible. Cano advierte que la tasa de residuos "probablemente vaya a subir" de forma progresiva, ligada a la mayor distancia a plantas receptoras y a las condiciones cambiantes del tratamiento. Mientras la comarca dependa de esa red externa, esa posibilidad de alza estará presente, ni más ni menos.
En paralelo, el Consorcio mantiene abierto el trabajo sobre la futura planta de tratamiento de la Vega Baja. La ubicación se debate entre alternativas en Orihuela y la previsión apunta a que la localización se cerrará antes de que termine la legislatura, pero las obras podrían prolongarse al menos dos años. Es decir: la solución propia está en trámite, pero no es inmediata.
La conclusión es clara y sencilla: sin una infraestructura propia, la Vega Baja seguirá delegando su responsabilidad ambiental y económica fuera de su territorio. No hay aquí culpables inventados ni arengas vacías; hay hechos constatados y una agenda evidente: la comarca necesita cuanto antes una planta que reduzca recorridos, costes y dependencia.
Que Madrid o Teruel entren en el mapa de la basura de la Vega Baja es la fotografía de una transición forzada. Queda por delante una decisión política y técnica que exigirá voluntad, calendario y transparencia para que la promesa de una planta propia deje de ser plan y pase a obra.
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