Una lista, un pulso: el PSOE de Cádiz desnuda tensiones en plena arrancada
El ajuste en la candidatura gaditana obliga a Montero a fajarse en la elaboración de listas y revela flancos débiles en el socialismo andaluz

Redacción · Más España


El pistoletazo de salida de la campaña andaluza debía ser un acto de unidad y contundencia. Lo fue en apariencia: el comité director del PSOE de Andalucía aprobó las ocho candidaturas provinciales. Pero la primera fisura se abrió en la capital en la que se celebró la reunión: Cádiz.
Lo ocurrido en la confección de la lista gaditana no es un simple tropiezo administrativo. Un “ajuste menor en el orden”, según la propia dirección regional, desembocó en una hora y media de retraso del comité director porque no había acuerdo sobre el orden de los nombres. Un ajuste que, en vez de limar asperezas, encendió un polvorín en una agrupación ya convulsa por mayorías y minorías muy ajustadas.
La secuencia de hechos está documentada: la ejecutiva provincial, presidida por Juan Carlos Ruiz Boix, elevó una propuesta pactada —según sus fuentes— durante la Semana Santa, con Juan Cornejo Jr. en cabeza, seguido de Rocío Arrabal y Fernando López Gil. En la primera reunión de la comisión regional de listas, López Gil pasó al número uno y Cornejo cayó al tres. Cornejo respondió anunciando que renunciaba al tercer puesto “por coherencia y por dignidad”.
Hubo un nuevo vuelco posterior: otra reunión del comité de listas devolvió, más o menos, el orden inicial. El resultado anunciado es que Cornejo irá de uno, Arrabal de dos, López Gil de tres y en el cuatro aparece Irene García, una figura que la fuente describe como enemiga explícita del secretario provincial. Es decir, lo que debía ser un ajuste menor terminó por dejar heridas abiertas y sabores amargos.
Este tira y afloja no es anecdótico. Deja en evidencia dudas sobre el papel del secretario de Organización del PSOE andaluz, Paco Rodríguez, y plantea interrogantes sobre la fortaleza orgánica del partido. Lo que distingue esta crisis de otras precedentes es el contexto: un PSOE andaluz que, según el relato del propio texto, nunca antes había estado tan débil institucionalmente, tras la pérdida de la Junta hace más de siete años y con merma de peso en ayuntamientos y diputaciones, sus principales nutrientes.
La directora regional de campaña y secretaria general, María Jesús Montero, ha tenido que entrar de lleno en un terreno que normalmente miró con distancia. En apenas diez días, la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda ha pasado a fajarse en trabajo orgánico que no forma parte de su actividad cotidiana. Su discurso en el comité fue el de pedir unidad: apeló a “darse la mano” y agradeció a quienes dieron un paso atrás para que otros ocupasen puestos preferentes. Fue un mensaje de contención y convocatoria, en la antesala del 17 de mayo.
No obstante, el comité federal de listas conserva la última palabra y Montero ocupa la vicesecretaría general federal. Ese horizonte institucional pesa sobre cualquier acuerdo autonómico y provincial: lo aprobado por la ejecutiva gaditana puede quedar sujeto a validación superior.
La circunscripción de Cádiz, que elige 15 diputados, arroja el dato objetivo de 2022: el PP obtuvo ocho escaños, el PSOE tres, Vox dos, Por Andalucía uno y Adelante Andalucía uno. Es el suelo que los socialistas deberán comprobar si mantienen el 17-M. Pero dentro del propio partido, la batalla por los nombres y los puestos plantea una cuestión clara: la unidad que se exige desde la tribuna orgánica se tiene que construir en los despachos y asambleas, no solo pregonarse en los mitines.
Si la campaña empieza con este pulso por una lista provincial, la pregunta que queda abierta es si la apelación a “darlo todo” y a la movilización llegará a tiempo para recomponer los frentes internos y convertir la beligerancia orgánica en disciplina electoral. La fuerza retórica de la candidata existe; el reto es que la coordinación y la confianza interna no se conviertan en su talón de Aquiles cuando empiece a contarse voto a voto.
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