Un modelo que cuida lo esencial: la kraamzorg neerlandesa como lección práctica
Un sistema público-privado que acompaña a la madre y al recién nacido los primeros días

Redacción · Más España


Hay realidades que entran en la vida como una mano amiga y otras que dejan a la familia a la deriva. En los Países Bajos existe la primera: los kraamverzorgenden, cuidadores de maternidad que, tras el parto, pasan hasta ocho días en el hogar de los progenitores para convertir el caos inicial en una rutina de cuidado y seguridad.
No es una asistencia simbólica ni ocasional. Todos los padres primerizos tienen derecho a entre 24 y 80 horas de este servicio, normalmente repartidas en ocho días. Está organizado por entidades privadas y financiado en gran medida por el seguro médico —obligatorio en ese país—, aunque algunos seguros exigen una tarifa adicional de US$6,70 por hora. Esa estructura asegura que el acompañamiento no dependa de la buena voluntad de familiares o de búsquedas en internet.
¿Qué hacen esos profesionales? Vigilan la salud de la madre y del bebé, detectan problemas a tiempo, apoyan con la lactancia, revisan puntos, cuidan al recién nacido mientras la madre descansa y se ocupan de hermanos mayores. Además, realizan labores domésticas prácticas: cambian sábanas a diario, lavan ropa acumulada, preparan comida y bebidas calientes, e incluso limpian el baño. Preparan también la tradicional merienda de bienvenida, el beschuit con muisjes. Son, en palabras de quienes los describen, “los ojos y oídos de la matrona”.
Las voces que recoge el reportaje de BBC Mundo no son meras anécdotas: Caterina Yannicelli, que afrontó una cesárea inesperada, afirma que tener a una kraamverzorgende le dio seguridad; Elissa Fischel rememora cómo la cuidadora le enseñó hasta a cambiar un pañal correctamente y se encargó de tareas domésticas que, en aquellos días, pesan como una losa. Wendy Aaij-Karuth llegó a llorar cuando sus cuidadores se marcharon: la ayuda fue tan integral que permitió a la familia descansar y conectar con el recién nacido.
Profesionales como Wendy Olieman explican que la magia del servicio está en “ofrecer un buen comienzo en el entorno familiar” y en transformar lo que podría ser caótico en “paz”. Esa formulación resume el sentido: no se trata solo de higiene o control médico puntual, sino de acompañamiento emocional y práctico en el llamado “cuarto trimestre”.
El resultado, según quienes han vivido la experiencia, es palpable: tranquilidad, confianza y una supervisión temprana que puede identificar problemas antes de que se agraven. No todos los sistemas sanitarios ofrecen hoy esta conjunción de cuidado clínico y apoyo doméstico inmediato. En tiempos en que la maternidad puede convertir la alegría en aislamiento, la kraamzorg neerlandesa aparece como una política social organizada que toma en serio el inicio de la vida y el cuidado de la madre.
Queda, para quien lo lea, la pregunta retórica inevitable: ¿qué políticas públicas se necesitan para que la llegada de un hijo no sea sinónimo de improvisación y soledad? El ejemplo neerlandés ofrece datos concretos sobre lo que funciona: horas asignadas, financiación asegurada y profesionales formados que asumen tanto el cuidado sanitario como las tareas diarias que sostienen una familia en las primeras jornadas tras el parto.
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