Trump señala a Hezbolá mientras la guerra en Líbano se intensifica
La escalada israelí y las respuestas de Irán sitúan a Estados Unidos en el tablero del conflicto

Redacción · Más España


Israel lanzó una de sus mayores campañas de ataques aéreos en Líbano, abatida en minutos sobre más de 100 objetivos, según describió el propio ejército israelí. La intensidad —ataques en suburbios del sur de Beirut, el sur del país y el Valle de la Becá— dejó hospitales desbordados y edificios derrumbados con víctimas bajo los escombros.
Las cifras aportadas por las autoridades libanesas hablan por sí solas: el Ministerio de Salud registró 182 muertos y 890 heridos; la Defensa Civil elevó después la cuenta a 254 fallecidos y 1.100 heridos. Son números que refrendan la dimensión humana y la tragedia de una ofensiva que el Estado hebreo calificó de mayor campaña aérea en este conflicto.
Horas antes de los bombardeos, la oficina del primer ministro israelí había señalado que el reciente alto el fuego entre Estados Unidos e Irán —mediado por Pakistán— excluía el conflicto en Líbano. En esa clave se expresó de forma nítida el presidente de Estados Unidos: preguntado sobre por qué Líbano sigue recibiendo golpes, Donald Trump respondió que es "por Hezbolá", "no fueron incluidos en el acuerdo", y afirmó que "de eso también nos encargaremos. No hay problema".
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, reafirmó más tarde la misma línea: Líbano no forma parte del pacto de alto el fuego. Es una decisión política que, en los hechos, mantiene abiertos frentes y obliga a quien mediara —y anunciara— la tregua a explicar los límites de su alcance.
Irán, por su parte, niega esa exclusión: sostiene que su propuesta de cese de hostilidades sí contemplaba Líbano y tilda los ataques israelíes de violación "clara y abierta" de la tregua. Las agencias IRNA y Fars atribuyeron a los bombardeos la suspensión del paso de petroleros por el estrecho de Ormuz y la detención del movimiento de barcos en ese corredor, una medida que Irán comunicó en respuesta a las acciones en el territorio libanés.
En el terreno, la guerra entre Israel y Hezbolá registra ya más de 1.500 muertos en Líbano desde su inicio a principios de marzo, entre ellos 130 niños, y más de 1,2 millones de desplazados. Aldeas junto a la frontera han sido arrasadas mientras Israel busca, según sus autoridades, crear una "zona de seguridad" para aniquilar la infraestructura del movimiento chií. La destrucción plantea, además, la inquietante posibilidad de ocupaciones duraderas y la imposibilidad de retorno para muchas familias.
Hezbolá, que no ha reivindicado ataques desde el anuncio del acuerdo entre Estados Unidos e Irán, proclama estar "en el umbral de una gran victoria histórica" y pide a los desplazados esperar un anuncio formal de alto el fuego para regresar. Irán eleva la presión diplomática y militar: su ministro de Exteriores publicó en X que los términos del alto el fuego entre EE. UU. e Irán son "claros y explícitos" y exigió a Estados Unidos elegir entre tregua o guerra continuada a través de Israel.
El tablero regional adquiere doble vértice: por un lado, una ofensiva israelí de gran alcance que golpea población civil y estructuras; por otro, una respuesta diplomática y operativa de Irán que incluye el cierre del estrecho de Ormuz según sus agencias. En el centro, la declaración del presidente Trump sitúa a Estados Unidos en la responsabilidad —y en la decisión— de si el acuerdo que anunció sirve para apagar las llamas o solo para redirigirlas.
No cabe aquí la retórica vacía: los hechos documentados muestran un conflicto que se expande en frentes y víctimas, y una diplomacia que proclama acuerdos incompletos. La pregunta que queda flotando es la que impone la gravedad de los datos: ¿será suficiente la voluntad anunciada por Washington para contener la guerra que, ahora mismo, arde también en Líbano?
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