Tres meses de desencuentros: la negociación extremeña que desnudó a los partidos
Del plantón al pulso público: cronología de una negociación rota entre PP y Vox en Extremadura

Redacción · Más España


El 6 de febrero quedó marcado como la fecha en la que el acuerdo dejó de ser posible para muchos: María Guardiola había ganado voto y escaños, pero ni así consiguió liberarse de Vox. El PP subió de 28 a 29 diputados; Vox creció de manera notable, de 5 a 11. Y, en el intercambio de reproches públicos, el secretario general del PP extremeño, Abel Bautista, llamó a Vox «adolescente político» y lo comparó con los «matones de la clase». El enfrentamiento ya no era solo electoral, era personal y público.
Los puentes estaban rotos. Vox llegó a justificar la falta de diálogo con una explicación que raya en la anécdota pero habla de desdén: un correo de Guardiola con documentación, dijeron, acabó en la carpeta de spam. La respuesta política fue una letanía repetida por Óscar Fernández —«Extremadura quiere el doble de Vox»— y la insinuación desde la cúpula de Vox de que solo un cambio de candidato en el PP permitiría el entendimiento. Santiago Abascal llegó a pronosticar que Guardiola tendría que «pasar por el aro».
Pese a ello, durante semanas apenas existieron contactos: solo tres encuentros entre dirigentes extremeños de ambas formaciones en todo ese tiempo. El PP acudió a la constitución del Parlamento sin acuerdo y se aseguró la presidencia y la mayoría en la mesa —algo distinto a la legislatura anterior—, pero cedió un vocal en el control de la cámara: un gesto que Vox calificó de «completamente insuficiente» frente a su demanda de la presidencia de la Asamblea y su aspiración, negada en las informaciones, de entrar en el Gobierno con varias consejerías.
La primera investidura de Guardiola resultó fallida. El PP, además, aseguró el senador autonómico —dos movimientos que muestran que el tablero de poder se ha reconfigurado respecto a la anterior legislatura, cuando ese senador recayó en Ángel Pelayo Gordillo (Vox). Y, sin embargo, fue el giro discursivo de Guardiola el que marcó el punto de inflexión: en una entrevista a Ok Diario, 48 horas antes de la votación, se acercó a algunos de los postulados de Vox en materia de feminismo, un terreno que hasta entonces había sido marca personal suya.
Los guiños no se limitaron a esa cuestión: en agricultura allanó posturas contra el Pacto Verde y el acuerdo con Mercosur, y se posicionó con dureza en la inmigración ilegal. Esos desplazamientos programáticos abrieron la posibilidad del acuerdo. Además, el tropiezo de Vox en expectativas en Castilla y León alivió la presión para cerrar un pacto definitivo. Con todos esos ingredientes, la previsión textual del artículo es que «habrá Gobierno seguro. En principio, ahora sí, para cuatro años».
Lo que queda, a la vista, es un proceso que habla de desconfianzas, de estrategias cruzadas y de cálculo de poder: plantones, correos en spam, reproches virulentos y, finalmente, concesiones públicas y cambios retóricos que pudieron forjar una salida. Pero esa salida llegó tras una investidura fallida y tras una negociación pública que deja en evidencia la fragilidad de los acuerdos cuando se convierten en espectáculo.
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