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La Colección Gelman en Madrid: ¿préstamo temporal o trasplante definitivo?

El traslado de 160 obras mexicanas gestionadas por Santander desata desconfianza y preguntas legítimas

Redacción Más España

Redacción · Más España

9 de abril de 2026 3 min de lectura
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La Colección Gelman en Madrid: ¿préstamo temporal o trasplante definitivo?
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La noticia es clara en su trazado: cerca de 160 obras —entre ellas piezas cruciales de Frida Kahlo y Diego Rivera— pasan desde enero a la gestión de la Fundación Banco Santander bajo el nombre oficial de Colección Gelman Santander. Pertenecen, sin embargo, a la familia Zambrano, heredera del legado de Jacques y Natasha Gelman, y ese dato no puede perderse en la lupa mediática.

Lo que prende la alarma es la naturaleza del acuerdo y la percepción pública que genera. El convenio suscrito entre Fundación Banco Santander, el INBAL y los Zambrano tiene vigencia hasta el 30 de septiembre de 2030 y prevé que pueda ampliarse “de común acuerdo, a través de la prórroga”. Ese plazo y esa posibilidad de prórroga son hechos incontrovertibles que alimentan la inquietud: ¿temporalidad o extensión indefinida?

La desconfianza no surge del aire. Más de 400 personas vinculadas a la cultura firmaron una carta pública recordando que en el centro del acervo hay una treintena de piezas protegidas por la Declaratoria de Monumento Artístico, y que el Estado mexicano tiene obligación de protegerlas. Ese recordatorio coloca el debate en el terreno legal y patrimonial, donde no caben sugestiones sino certidumbres.

En el otro extremo del acuerdo, voces en España han hablado de una legislación mexicana “flexible” y de la intención de que la colección tenga en el nuevo Foro Santander en Cantabria una “presencia permanente, pero dinámica”. El director del foro calificó las renovaciones de licencias de exportación como un “mero trámite”. Esos términos aparecen en la crónica pública y alimentan la percepción de que lo temporal podría convertirse en rutina.

El gobierno mexicano y la Presidencia entraron a la escena con declaraciones explícitas: la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que la Colección Gelman regresará en 2028 “como dice la ley” y que no se venderá ni quedará exhibida indefinidamente fuera del país. Santander, por su parte, negó que cualquier acuerdo prevea el traslado definitivo fuera de México y ratificó el regreso en 2028. Son garantías que la sociedad exige verificar con documentos y calendarios palpables.

Mientras la polémica escalaba, se pospuso la inauguración del Foro Santander en España; la fecha prevista para fines de junio fue aplazada a septiembre a pedido del gobierno mexicano. También se decidió que la exhibición permanezca en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México durante el Mundial de Fútbol, otro hecho confirmado por fuentes oficiales y medios. Es decir: decisiones administrativas y logísticas que reflejan la tensión política y cultural entre las partes.

No hay herejías ni fantasías: están las piezas, están los contratos y están las declaraciones públicas. Y frente a ello, la sociedad cultural mexicana reclama claridad, transparencia y cumplimiento estricto de la ley que protege su patrimonio. Si la protección es real, corresponde a las instituciones dar pruebas incuestionables de que la circulación de estas obras es temporal y su retorno, inapelable.

Que la colección viaje para ser conocida fuera de fronteras no es en sí un pecado cultural; la pregunta es si los plazos y las cláusulas blindan el patrimonio o si dejan abierta la puerta a una permanencia que, por dilución contractual, acabe por ser definitiva. La respuesta debe ser democrática, legal y documentada, no solo retórica y de buena voluntad.

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