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Torrevieja recupera el brío: los mayores imponen el charlestón como acto de dignidad vital

En la Casa de Tercera Edad Restituto Marroquí, la Concejalía de Gente Mayor demostró que la energía no tiene fecha de caducidad

Redacción Más España

Redacción · Más España

23 de abril de 2026 2 min de lectura
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Torrevieja recupera el brío: los mayores imponen el charlestón como acto de dignidad vital
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Que alguien piense que el charlestón es mera reliquia del siglo XX es negar lo que vimos el pasado lunes en la Casa de Tercera Edad “Restituto Marroquí”. La Concejalía de Gente Mayor no organizó un homenaje lento y reverente: encendió una máquina del tiempo y convocó a la vida.

Flecos al viento, plumas desafiando la gravedad y sombreros que tenían más estilo que muchos armarios contemporáneos tomaron la pista. El charlestón, baile nacido en la década de 1920 en la era del jazz, se presentó en Torrevieja como lo que siempre fue: un ejercicio de alegría acelerada, de coordinación inesperada y de sonrisa feroz ante el paso del tiempo.

Pero la tarde fue algo más que pasos medidos y compases: fue encuentro y convivencia. Reinas, Damas y Míster de centros como Pedro Lorca, San Pascual, Restituto Marroquí, Polivalente de La Mata y el Centro Municipal de Ocio se dieron cita y convirtieron la pista en desfile y tribuna de energía. La presidenta Alejandra Carricondo, su directiva y la concejal de Gente Mayor, Inmaculada Montesinos, ejercieron de anfitrionas de una jornada que reivindicó, sin retórica vacía, la potencia de la vida asociada.

Entre risas, música y pasos improvisados —esas variantes no escritas en ningún manual— quedó claro que el secreto del charlestón no está solo en los pies: está en la actitud. Y en Torrevieja saben de actitudes. Mientras algunos persiguen fórmulas milagrosas, aquí han encontrado la fuente de la juventud en la convivencia y el ritmo compartido.

Que el salón se transformase por unas horas en un viaje a los locos años 20 no fue una evasión hacia el pasado: fue una afirmación del presente. Una afirmación de que el pulso colectivo y la elegancia, aunque revestida de flecos y sombreros, siguen siendo herramientas de cohesión social. Torrevieja lo mostró en la pista; corresponde a todos valorarlo fuera de ella.

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