Torrevieja honra la entrega: la parroquia que late con su pueblo
Un acto de gratitud y comunión que recuerda que la comunidad se hace día a día

Redacción · Más España


La Plaza y el templo se llenaron de presencia y de sentido. El pasado domingo 19 de abril, la Parroquia del Sagrado Corazón celebró su Fiesta parroquial bajo el lema «Resucitados con Cristo, agradecidos por tanto Amor». No fue una simple ceremonia: fue una afirmación colectiva de gratitud, de entrega y de pertenencia.
En un acto emotivo y sincero, la comunidad hizo visible lo que muchas veces permanece en lo cotidiano: el servicio callado y constante de feligreses que sostienen la vida parroquial. Ascensión Álvarez Romero, Olivia Carrillo Grao, Jorge Lauge Pinochet, Pilarica Estringana Cao, Soledad Pérez Velasco, Amparo Salinas Manresa, Angelines Plaza Gutiérrez y Jesús Mira López recibieron distinciones en reconocimiento a su fidelidad, constancia y generosidad. El párroco y vicario episcopal de la Zona I, D. Aurelio Ferrándiz, fue quien entregó esos reconocimientos —y, en un giro que emocionó a todos, fue él mismo nombrado también homenajeado— señalando la doble dirección del servicio: el que se da y el que se recibe en señal de gratitud.
El templo presentó un lleno absoluto. Intervinieron activamente los diecisiete grupos, asociaciones y cofradías que conforman la vida parroquial; cada grupo aportó su pieza y entre todos formaron un puzle simbólico: la parroquia como suma de voluntades, la comunidad como obra colectiva. Esa imagen, sencilla y potente, dejó claro que la Iglesia en Torrevieja no es un conjunto de actos aislados, sino una trama viva de compromiso.
Y la jornada cerró con la nota más esperanzadora: los niños de catequesis y del primer año de Comunión cantaron «Un granito de mostaza». Con esa canción, la comunidad recordó el Evangelio y su lección: algo pequeño, cuidado con amor, puede convertirse en Reino y dar fruto abundante. Fue un cierre acorde con el tono del día: humilde, agradecido y mirando hacia el futuro.
En tiempos en que las grandes narrativas se desgastan, conviene mirar a estos gestos: homenajear la entrega silenciosa, reconocer a quienes sostienen las instituciones locales y celebrar la comunión real entre generaciones. La Fiesta del Sagrado Corazón fue, en esencia, eso: una reafirmación de que Torrevieja dispone de ciudadanos y ciudadanas que construyen, con fe y trabajo cotidiano, el presente común.
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