Torrevieja demuestra que la cultura local es causa y orgullo
Una función completa que reivindica el talento aficionado y la sala como ágora ciudadana

Redacción · Más España


Anoche, el Auditorio del Centro Cultural Virgen del Carmen se transformó en arena de verdades y risas. Thalía Torrevieja Teatro presentó El proceso y el público respondió: lleno absoluto, entrega total. No es dato menor: cuando una sala se abarrota es porque algo esencial palpita en la vida de la ciudad.
Sobre el papel, una reflexión sobre presión, ambición y relaciones humanas; sobre las tablas, un viaje emocional que no cedió paso. Ritmo ágil, diálogos afilados y una puesta en escena sin tregua fueron los instrumentos con los que la compañía bordó una función capaz de atrapar desde el primer instante. Cuando el teatro se hace carne, lo que era idea se vuelve verdad compartida entre actores y espectadores.
Que los intérpretes sean aficionados «solo en el nombre» no resta mérito: dominar los tiempos, los silencios y esa mezcla quebradiza de drama y humor es exigente, y ellos lo lograron con naturalidad. Hubo momentos en que, efectivamente, parecieron profesionales; y esa aparente contradicción—la amateuridad con oficio—es, en sí misma, una de las pruebas fehacientes de la vitalidad cultural local.
La escena más comentada —una deliberación límite en un avión en llamas, con los personajes colocando sucesivamente sombreros de torero, payaso, obispo o político— fue tan absurda como brillante. La comicidad bien medida sirvió para contar verdades incómodas: el humor no es evasión, es punzada que ilumina las contradicciones.
A lo largo de la función se desnudarón tensiones, rivalidades y contradicciones de quien compite por un mismo objetivo, dejando al descubierto la fragilidad de las relaciones en entornos exigentes. Y, pese a esa desnudez, la frescura mantuvo al público entregado hasta un final que rompió esquemas.
El reconocimiento fue contundente: ovación en pie, sincera y prolongada. Entre los asistentes figuraron el concejal de Cultura, Antonio Quesada, y los ediles Federico Alarcón y David Villanueva, presentes en una de las grandes citas culturales de estos días. Ese respaldo institucional, unido a la respuesta ciudadana, confirma que en Torrevieja hay talento, pasión y un público dispuesto a sorprenderse.
No es la primera ni será la última noche de teatro en mayúsculas que testifica la fuerza de lo local. Actores, técnicos y equipo —desde la dirección de Gustavo Mínguez Vallejos hasta el maquillaje, vestuario y atrezzo— integraron un engranaje que rindió tributo a la obra y al público. Si la cultura es espejo de la comunidad, la imagen ofrecida anoche fue nítida y estimulante: una ciudad que se mira y se reconoce capaz.
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