Buscan a Miranda: la urgencia de proteger a los más vulnerables
La Policía activa un dispositivo tras la sustracción de una niña de cinco años en Oviedo

Redacción · Más España


La imagen de una menor de cinco años difundiéndose por las redes del Centro Nacional de Personas Desaparecidas no puede ser tratada como un mero asunto administrativo: es un llamado a la responsabilidad colectiva. La Policía Nacional ha desplegado un operativo para localizar a Miranda después de que sus progenitores, según la información oficial, la sustrajeran de un encuentro familiar supervisado en Oviedo.
Los hechos, acotados por las declaraciones oficiales, señalan que la niña vivía con una familia de acogida desde hacía dieciocho meses y que los contactos con su familia biológica se desarrollaban en un punto de encuentro con presencia de una educadora especializada. Aquellos protocolos de supervisión, diseñados para garantizar la tranquilidad y el interés de la menor, fueron quebrados cuando la familia biológica, al parecer, agredió a la educadora y huyó con la niña. La consejera de Derechos Sociales y Bienestar ha calificado la reacción como "completamente inesperada".
No es momento para especulaciones: los datos confirmados describen una realidad intolerable para cualquier sociedad que proclame su compromiso con la protección de la infancia. La Dirección General de Infancia y Familias presentó la denuncia y mantiene contacto permanente con la familia de acogida, que atraviesa un momento de dolor y desamparo tras dieciocho meses de cuidado compartido. El dispositivo de búsqueda se ha activado conforme al protocolo del Ministerio del Interior, y el CNDES ha difundido la imagen y los datos de la menor para recabar información ciudadana.
Que la administración haya seguido los cauces previstos —denuncia, protocolo policial, difusión por el CNDES— demuestra que las instituciones están actuando dentro de sus competencias. Pero ese dato no exonera a nadie de la obligación moral de reflexionar: cuando un encuentro supervisado termina con una agresión y la desaparición de una niña, la prioridad inexcusable debe ser proteger a la menor y apoyar a quienes la cuidaban. El respeto al procedimiento es indispensable; la eficacia para hallar a Miranda es imperativa.
Mientras las autoridades buscan respuestas y la sociedad espera noticias, no hay espacio para la indiferencia. Cada minuto cuenta. Que la disciplina de los protocolos se traduzca en resultados: localizar a Miranda y garantizar su seguridad y bienestar, y que las responsabilidades que procedan se depuren con rapidez y transparencia. Eso exige, además de diligencia policial, la cooperación ciudadana y el compromiso firme de todas las instituciones implicadas.
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