Tiempo de presión: Trump anuncia que Cuba será la próxima en caer
Tras apagones y crisis de combustible, la Casa Blanca mantiene la presión y anuncia negociaciones directas

Redacción · Más España


El presidente de Estados Unidos no dejó lugar a dudas retóricas: «Cuba va a caer muy pronto», afirmó Donald Trump, en una serie de declaraciones recogidas por la prensa internacional. Frente a Jorge Mas, dueño del Inter de Miami y de origen cubano, y con Lionel Messi y Luis Suárez a su lado, el mandatario aseguró que las autoridades cubanas "quieren llegar a un acuerdo" y que "es solo cuestión de tiempo" antes de un cambio en la isla.
No se trató de palabras al viento. Trump añadió en CNN que los líderes cubanos están negociando y que la administración baraja incluso enviar al secretario de Estado para "ver cómo funciona". Esa referencia, un tanto cruda en su forma, es indicativa de una estrategia de presión sostenida: mantener la asfixia diplomática y logística hasta forzar un desenlace político.
El contexto es ineludible. La noticia llega después de un apagón nacional de 24 horas en Cuba y de una crisis de combustible que limita la generación eléctrica, el transporte y el turismo. Las plantas termoeléctricas no pueden funcionar sin petróleo y la escasez ha llevado a que incluso se permitan importaciones limitadas por el sector privado, medidas que, según reportes, solo cubren una fracción de las necesidades del país.
La situación energética se ha agravado tras la destitución forzosa de Nicolás Maduro en Venezuela el 3 de enero y la acción militar estadounidense en ese país, acontecimientos que, según el relato informativo, dejaron a Cuba sin su principal proveedor de crudo. Bajo la presión de la administración Trump, otros socios energéticos han tenido dificultades para sustituir ese suministro.
Frente a las penurias cotidianas —basura acumulada por falta de camiones, gente cocinando con leña, aerolíneas suspendiendo vuelos por imposibilidad de reabastecer— la Casa Blanca y sus aliados, incluido el senador Marco Rubio mencionado por Trump, prefieren intensificar la presión en lugar de aliviar las sanciones. Los críticos citados en los reportes advierten que esa política golpea principalmente a la población y no necesariamente a las cúpulas gobernantes.
Por ahora, el gobierno cubano no ha confirmado las supuestas conversaciones con la administración estadounidense; los informes señalan un punto de contacto en La Habana: Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro. Mientras tanto, el turismo, la vida cotidiana y la infraestructura energética siguen resintiéndose y la isla enfrenta un calendario incierto bajo la mirada firme de Washington.
No es una previsión abstracta: son hechos y declaraciones públicas. La Casa Blanca lo proclama; la isla lo sufre. Y entre la declaración y la realidad transcurren vidas y penurias que no deben quedar reducidas a eslóganes electorales ni a pronósticos triunfalistas. El tiempo dirá si se trata de una transición negociada o de una tensión que prolongará el sufrimiento de los cubanos.
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