Therese golpea Canarias: la prudencia no es una opción, es un deber
Lluvias torrenciales, derrumbes y 24 vuelos cancelados exigen respuesta cívica y orden público

Redacción · Más España


La naturaleza ha hablado con voz gruesa y, por ahora, Canarias escucha. La borrasca Therese ha dejado a su paso intensas y persistentes lluvias que han activado alertas por inundaciones y desprendimientos en La Palma, El Hierro, La Gomera, Tenerife y Gran Canaria. No son palabras alarmistas: son hechos constatados por la Dirección General de Emergencias del Gobierno de Canarias.
Lo que se está viendo en carretera —caídas de piedras de gran tamaño, ramas, arrastres de tierra y desbordamientos de barrancos— no admite frivolidades. En las islas más montañosas la red viaria sufre embates que ponen en riesgo a conductores y a núcleos poblacionales. Que pequeñas poblaciones puedan quedar aisladas o que se requieran evacuaciones preventivas no es una posibilidad remota, es una consecuencia plausible y por ello no debe sorprender a nadie preparado.
El archipiélago ha recibido también un impacto en el aire: Aena ha contabilizado 24 cancelaciones y tres desvíos en aeropuertos canarios. Santa Cruz de La Palma, la más afectada, registró doce cancelaciones procedentes de Tenerife Norte, otras desde Gran Canaria, Tenerife Sur y vuelos internacionales desde Düsseldorf, Faro y Madrid; además, desvíos desde Oporto, Berlín y Fráncfort que obligaron a alterar rutas. En Valverde, El Hierro, se cancelaron tres trayectos. Son cifras que traducen la perturbación logística que acompaña a la emergencia meteorológica.
Ante este escenario, las recomendaciones del Gobierno de Canarias no son sugerencias decorativas: asegurar puertas y ventanas, no cruzar cauces con agua, reducir velocidad en carretera, evitar detenerse en zonas inundables y no transitar por escolleras o paseos expuestos al oleaje. Medidas sencillas que pueden evitar tragedias y que, aplicada la mínima negligencia, se convierten en desencadenantes de rescates y daños mayores.
La ciudadanía tiene una responsabilidad ineludible: evitar desplazamientos innecesarios, no permanecer junto a barrancos crecidos y llamar al 112 ante cualquier persona en peligro. La Administración, por su parte, mantiene activas las alertas por lluvia, viento y fenómenos costeros en las islas occidentales y Gran Canaria, y la prealerta en el resto del archipiélago; la coordinación y la comunicación deben ser firmes y claras para que las instrucciones lleguen y se cumplan.
No es momento de dramatismos ni de pasividad: es momento de prudencia activa. La borrasca continúa y las precipitaciones pueden persistir, localmente con fuerza en las medianías. La experiencia y los datos mandan: proteger lo inmediato —vidas, bienes y vías de comunicación— es la prioridad que hoy exige Canarias y que debe exigir toda sociedad responsable.
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