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Teléfonos que abren puertas: cuando la diplomacia informal se convierte en negocio

El informe de la UCO documenta cómo se buscó utilizar el peso institucional de Ábalos para introducir empresas en República Dominicana

Redacción Más España

Redacción · Más España

17 de abril de 2026 3 min de lectura
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Teléfonos que abren puertas: cuando la diplomacia informal se convierte en negocio
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La noticia que hoy nos ofrece el informe de la UCO es, en su desnudez, tanto simple como perturbadora: un número de teléfono personal —el del presidente de la República Dominicana— circuló entre interlocutores vinculados al llamado caso Koldo con la finalidad expresa de promover negocios vinculados a la pandemia.

No se trata de suposiciones: la Guardia Civil ha registrado mensajes y conversaciones que describen con claridad la maniobra. El 8 de julio de 2020, Víctor De Aldama facilitó al asesor del entonces ministro de Transportes el número personal de Luis Abinader y subrayó que era “el suyo directo, todo el mundo tiene el político y este es el personal”. La proposición no fue ambigua: se pretendía que José Luis Ábalos efectuara una llamada oficial para ofrecer servicios relacionados con la crisis del COVID a empresas vinculadas a la trama.

La secuencia de hechos es elocuente en su lógica de intermediación. Aldama pidió coordinación previa para una llamada a tres —“Podemos hacer una llamada a 3 y yo le engancho al ministro”— y mostró su impaciencia cuando la gestión no se producía con la rapidez esperada: “Llamar al puto presidente de RD que tenéis allí una persona que sin conoceros de nada ha dado todo y más”, llegó a escribir. Dos días después, y tras nuevas gestiones, la UCO recoge que la llamada sí se produjo la noche anterior al 14 de julio.

Y la investigación no se queda en intentos: la UCO indica explícitamente que finalmente “sí se llegó a producir una relación contractual con la República Dominicana para la prestación de los citados servicios”. El informe incluye además un mensaje de presentación remitido por un socio de Aldama dirigido a Abinader, quien se identifica como proveedor de servicios de detección y análisis para la pandemia y alude a contratos con el ministerio y el gobierno de España.

Estos hechos, tal como los documenta la UCO, revelan un uso deliberado de contactos personales y de peso institucional para facilitar el acceso de empresas a contratos vinculados a la gestión de una emergencia sanitaria. No se alegan aquí juicios de intención más allá de las palabras registradas ni se añade nada que no conste en el informe: la cadena de comunicaciones y la posterior contratación figuran en el sumario.

Queda, sin embargo, una cuestión que interpela a la opinión pública: la frontera entre la gestión legítima de relaciones internacionales y la canalización de oportunidades económicas a través de contactos personales y de asesores. Cuando el short-circuito entre lo institucional y lo privado se produce en plena crisis sanitaria, las exigencias de transparencia y escrutinio aumentan. Los hechos documentados por la UCO obligan a preguntar con firmeza cómo se controlaron esos vínculos y con qué criterios se validaron las contrataciones que siguieron a aquella llamada.

La documentación es diáfana en sus episodios; la interpretación corresponde a la sociedad y a quienes detentan responsabilidades públicas. Que la investigación haya puesto en pie estas conversaciones y la contratación que siguió es ya por sí un servicio al interés público: el de saber cómo se movieron los resortes del poder en un momento crítico. Y es la base sobre la que debe pivotar toda exigencia de rendición de cuentas y clarificación pública.

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