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Silencio y sospechas: el rescate de Air Europa y la sombra de Begoña Gómez

La comparecencia de Javier Hidalgo en el Senado deja preguntas que eludieron respuesta

Redacción Más España

Redacción · Más España

24 de abril de 2026 3 min de lectura
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Silencio y sospechas: el rescate de Air Europa y la sombra de Begoña Gómez
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El gesto de silencio tiene peso cuando el asunto apremia. Javier Hidalgo, ex CEO de Globalia y Air Europa, compareció ante la comisión del Senado y, como informó El Mundo, optó por no declarar; respondió solo para reiterar que su compañía ha devuelto 650 millones más 160 de intereses del dinero recibido de los españoles.

Esa contención procesal no apaciguó el interrogatorio: la sesión giró casi por completo en torno a la figura de Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, y a la hipótesis —expuesta por los senadores del PP— de un supuesto tráfico de influencias, conflicto de intereses y utilización de patrocinios para lograr un rescate de 475 millones de euros.

El relato popular, y las preguntas lanzadas una tras otra, dibujaron una trama con nombres concretos que flotaron en la sesión: Víctor de Aldama, Koldo García y José Luis Ábalos. Para el PP, esos nombres son piezas de un engranaje que explica la velocidad y la forma del auxilio a Air Europa: reuniones en congresos, encuentros nocturnos en hoteles, patrocinio a través de Wakalua y una secuencia cronológica que, según los senadores, conecta visitas y gestiones con la petición del rescate.

Se apuntaron plazos: 27 días entre una reunión con Gómez y la solicitud del rescate; 35 días desde un encuentro hasta la petición formal; 75 días en total para tramitar la ayuda, una cifra que los populares calificaron de "récord". Se mencionaron además pagos, chalés, celebraciones y la presunta intervención de un "nexo corruptor" —Aldama— que habría presionado a través de Ábalos y su asesor Koldo García. Preguntas directas —si se llamó o escribió al presidente, si Wakalua se creó para patrocinar a Gómez, cuántas reuniones hubo— quedaron sin respuesta porque el compareciente declinó contestarlas.

El PP no escatimó en acusaciones retóricas: habló de una corrupción que se reproduce y salpica ministerios, enlazando casos y exigiendo luces sobre prácticas que, de confirmarse, encajarían en lo que calificaron de "caso de libro de conflicto de intereses y tráfico de influencias". Hidalgo, por su parte, limitó su intervención a negar mentiras en otra causa (la del Tribunal Supremo por el caso mascarillas) y a reivindicar que Air Europa ya ha devuelto fondos públicos, comparando además los tiempos y cuantías del rescate de Iberia con el de su propia compañía.

Queda en el aire —y ahora en la responsabilidad de la investigación y de los procedimientos judiciales— despejar la niebla que ha dejado la comparecencia: si la prioridad es la transparencia, la Cámara obtuvo más sombras que pruebas en voz del compareciente. Si lo central es la rendición de cuentas ante los españoles, la comisión necesita respuestas fehacientes a las preguntas que fueron formuladas y no atendidas. El clamor político se mantiene: hay nombres, fechas y negocios que exigen explicación pública y, sobre todo, comprobación judicial.

En democracia, el silencio del poder —o de quienes se han beneficiado de decisiones públicas— no puede ser un refugio permanente. La ciudadanía merece claridad; las instituciones, eficacia; y la ley, aplicación imparcial. Si la comisión del Senado no logra avanzar más allá de sospechas y preguntas sin contestar, el daño será doble: a la reputación de las instituciones y a la confianza pública en la gestión de recursos que, en su origen, son de todos los españoles.

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