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Silencio en Moncloa: la ‘nevera’ que tapa un juicio incómodo

Mientras el Supremo juzga el caso mascarillas de Ábalos, el Gobierno juega a perfil bajo

Redacción Más España

Redacción · Más España

9 de abril de 2026 2 min de lectura
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Silencio en Moncloa: la ‘nevera’ que tapa un juicio incómodo
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El Gobierno ha decidido meterse en la nevera. No es ceremonia: es táctica y contención. El juicio por el caso mascarillas, que ha sentado en el banquillo a José Luis Ábalos, ha convertido la agenda pública en un páramo de iniciativas pospuestas y anuncios enlatados.

Pedro Sánchez, que comenzó la semana exhibiendo la camiseta de España tras los datos de afiliación a la Seguridad Social, ha visto cómo el partido se complica en el interior del área. En vez de celebrar goles, Moncloa se ocupa de despejar balones y evitar lesionados: jornada de perfil bajo, kit kat a toda iniciativa y movimiento, según el propio retrato informativo.

No es casual que, en la misma semana en que el presidente recibe un reconocimiento internacional por su liderazgo, en la política doméstica reaparezcan sobres con dinero fuera de pista, contratos, y relatos que recrudecen la fotografía de la presunta trama. El Ejecutivo procura soterrar lo que emerge: pocas comparecencias, declaraciones medidas y un Consejo de Ministros poco cargado salvo la reforma constitucional ya anunciada desde octubre de 2025.

La explicación oficial es de reequilibrio: la guerra en Oriente Próximo y los datos macroeconómicos configuran el terreno donde La Moncloa quiere jugar. Pero en el PSOE admiten, con crudeza, que vienen "días duros" por el desarrollo del juicio y las declaraciones que se suceden en el Supremo.

El partido sostiene que la cuestión está amortizada: Ábalos fue expulsado y se le pidió el acta antes de su imputación, fueron "decisiones dolorosas" que, según las fuentes consultadas, cerraron el capítulo interno de responsabilidades. Esa depuración, sin embargo, proyecta la sombra hacia quien lo nombró: el presidente del Gobierno. El reproche implícito existe aunque la respuesta oficial sea la firme voluntad de seguir Gobierno y reelección hasta 2027.

La portavoz del PSOE, Montse Mínguez, repite la tesis: lo relatado en el Supremo es "repetición de lo ya publicado" y no aporta novedades sustanciales respecto a la instrucción. Esa convicción alimenta la estrategia: atemperar el escándalo, fiarlo a la memoria y confiar en que no influirá decisivamente en las citas electorales inmediatas, incluidas las andaluzas, donde las encuestas ya pronostican un mal resultado generalizado para el PSOE.

No obstante, la calma calculada —meterse en la nevera— es un recurso de riesgo. Prudencia y silencio pueden contener temporales mediáticos, pero no borran la realidad de que un proceso abierto en el Tribunal Supremo, con detalles que reviven imágenes de comisiones y entregas de dinero en sedes, exige respuestas más allá del abandono de iniciativas. El país observa: mientras se mira a China y se recogen premios internacionales, la política nacional exige claridad y ejemplaridad.

La verdadera prueba no será el silencio calculado de una semana, sino la capacidad del Gobierno y del PSOE para que la justicia siga su curso y para que, frente a la ciudadanía, las explicaciones no se queden en la nevera de la estrategia sino salgan a la luz con la transparencia que demanda la democracia.

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