Siguen mirándose con ojos ajenos: la adolescencia femenina vista desde fuera
Tras hablar con 150 chicas, emerge una constatación incómoda: la mirada de los chicos sigue definiendo cómo se ven

Redacción · Más España


Hablar con cerca de 150 chicas en distintas localidades del Reino Unido —la mayoría entre 13 y 17 años— no fue un experimento académico frío: fue una sucesión de mesas, clubs juveniles y conversaciones en las que brotaban ambiciones, afectos y cuidados familiares.
Las voces eran nítidas: planes para el futuro, cariño por las amigas, orgullo por cuidar de la familia. Hubo frases luminosas y cotidianas —“Me gustaría tener un refrigerador en el que puedas poner un jarrón… ¡Y ser médica!”— que revelan talento y ganas de mundo. Y sin embargo, entre esas confidencias reaparecía, casi como un refrán, una observación persistente: muchas niñas siguen viéndose a través de la mirada de los chicos.
Cuando la pregunta inaugural pedía la verdad —“¿Cómo es realmente ser chica en 2025/26? ¡Díganme la verdad, no sean educadas!”—— la respuesta casi siempre arrancaba con “Bueno, los chicos piensan/dicen/quieren/sienten…”. Esa dinámica se presentó con la claridad de una prueba: las conversaciones de aquellas jóvenes raramente escapaban a la presencia masculina como referencia.
La reportera comparó esa pauta con la prueba de Bechdel: si para aprobar hace falta que dos mujeres hablen entre sí sobre algo que no sea un hombre, muchas de estas entrevistas habrían fallado. No por falta de inteligencia o deseos, sino porque la experiencia diaria las obliga a situar a los chicos en el centro del relato.
Esa centralidad no es trivial. Las chicas describieron presiones explícitas: la expectativa de ser “más pequeñas y más silenciosas” en grupos mixtos, el cuidado de no parecer “demasiado intensas”, “una pesada” o “rara”. Profesores y responsables de centros coincidieron: en aulas mixtas muchas niñas “mantienen la cabeza gacha”, “no hacen ruido” o pasan “por debajo del radar”.
Alison Harbor, gerenta del club juvenil DRMZ en Carmarthen, lo subrayó desde la experiencia cotidiana: agradeció la franqueza de las chicas y advirtió que su conducta cambia cuando hay chicos alrededor; que a menudo internalizan sus problemas. Ese testimonio de primera mano confirma lo que las jóvenes describen: una auto‑limitación aprendida que moldea conductas y silencios.
El contexto no es ajeno: este proyecto siguió a una serie previa sobre chicos, y llegó en un momento mediático cargado —la covid‑19, el #MeToo, el ruido en torno a figuras como Andrew Tate y la publicación de los archivos Epstein— que hizo aún más urgente escuchar a las jóvenes. No se trata solo de tendencias culturales abstractas: son conversaciones que atraviesan la vida cotidiana de las niñas.
Investigadoras como la doctora Ola Demkowicz han estudiado ya la presión que sufren las jóvenes y su impacto en la salud mental; las voces recogidas en estas charlas confirman esa preocupación práctica: las adolescentes conocen la dinámica, la describen y la sufren. No es ignorancia: es decodificación de una expectativa social que las condiciona.
¿Resultado? Una paradoja inquietante: más visibilidad pública del feminismo y de debates sobre género, y a la vez una experiencia íntima de las adolescentes donde lo masculino sigue siendo la lente. No es solo un problema de representaciones; es una fábrica de comportamientos que enseña a las chicas a ocupar menos espacio, a contenerse, a medir su voz.
Escucharlas no es un gesto púdico: es una obligación política y cultural. Si las jóvenes tienen la lucidez de señalar que su relato comienza con “los chicos…”, la respuesta colectiva debería ser clara y decidida: transformar entornos educativos, comunitarios y mediáticos para que la referencia dominante deje de ser ajena. Ignorar esa llamada sería perpetuar el silencio que tantas de ellas ya internalizan.
También te puede interesar
La tauromaquia como estandarte: Alicante reivindica su identidad en Fogueres
Rubén Amón pregona la Feria Taurina de Hogueras y rinde un encendido elogio a Luis Francisco Esplá; el Ayuntamiento subraya la dimensión cultural de la fiesta y su proyección artística.
CulturaAula 360º: luz, cercanía y compromiso que refuerzan la educación local
Abre en San Pascual 177 un centro que reúne diseño, vocación y oferta educativa concreta: refuerzo para Primaria y ESO, apoyo en ciclos y un curso de verano ya abierto a matrícula.
CulturaNo es pereza: la desigualdad social mide el combustible del esfuerzo escolar
La voluntad no nace en el vacío. La investigación dirigida desde la Universidad Carlos III demuestra que la clase social modulariza el esfuerzo y que incentivos sencillos reducen la brecha.