Cultura

La tauromaquia como estandarte: Alicante reivindica su identidad en Fogueres

Un pregón que ensalza a Esplá y reafirma la plaza como patrimonio cultural

Redacción Más España

Redacción · Más España

5 de mayo de 2026 3 min de lectura
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La tauromaquia como estandarte: Alicante reivindica su identidad en Fogueres
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La noche en el Teatro Principal fue la demostración palpable de que la tauromaquia no es un mero espectáculo: es memoria, estética y orgullo colectivo. Rubén Amón, delante de un aforo lleno hasta la última butaca, presidió el pregón de la Feria Taurina de Hogueres 2026 con un discurso que no se limitó a la alabanza técnica: elevó a Luis Francisco Esplá al rango de figura central en la historia taurina contemporánea, situando su alternativa en Zaragoza como referencia de medio siglo de oficio.

Amón no se anduvo con circunloquios. Definió a Esplá como “héroe popular” y como un torero «ilustrado, incómodo y antisistema», y trazó un puente directo entre su temple y la plaza de Las Ventas, que considera «plaza de adopción» para el alicantino. Fue contundente en la comparación con Morante: si a este se le otorga la condición de Mesías, dijo Amón, Esplá fue su profeta. Palabras que buscan reivindicar un legado, rescatar su influencia en suertes, vestimentas y maneras que hoy se celebran.

En la tribuna municipal el alcalde Luis Barcala recogió esa bandera cultural: «la tauromaquia es cultura», proclamó, y añadió que el cartel diseñado por Miquel Barceló y la amistad artística entre Barceló y Esplá proyectan la Feria más allá de lo estrictamente taurino. No fue una glosa anodina: fue una reivindicación política y estética de la fiesta como señera de Alicante y como elemento de proyección internacional.

El acto no fue solo palabra: la música subrayó la liturgia. La orquesta Virtuós Mediterrani, dirigida por Gerardo Estrada, salpicó el pregón con piezas que remitían a la tradición y al pulso de la plaza —de Barbieri a Bizet, pasando por Boccherini y una improvisación jazzística sobre Autumn Leaves—, para culminar en una versión propia del Himno de Alicante. Ese acompañamiento reforzó la idea de la tauromaquia como arte integrador, capaz de dialogar con otras disciplinas.

También hubo lugar para recuerdos y homenajes. Se evocaró a Gregorio Tébar ‘El Inclusero’, recordando los 60 años de su alternativa en Valencia, y Amón cerró su intervención con un poema a ‘Boato’, el toro de Victoriano del Río que marcó la despedida magistral de Esplá en Las Ventas. Son imágenes que ensamblan leyenda y realidad: el animal, la faena, la plaza como escena donde se mide la historia.

Y el horizonte inmediato de la Feria quedó trazado en parte por el anuncio de la empresa Mare Nostrum: un programa que arranca el 21 de junio con una novillada picada y culmina el 28 con un festejo de rejones, incluyendo el regreso —tras 13 años— de una novillada sin picadores con erales de Alcurrucén y la participación de alumnos de la Escuela Taurina Municipal. Datos que apuntan a una programación que mezcla tradición, enseñanza y renovación.

Queda sobre la mesa una conclusión que no admite vagas indulgencias: cuando la ciudad pone en valor su fiesta mayor, no solo celebra un rito; preserva una tradición cultural compleja, con ramificaciones artísticas y sociales. El pregón de Amón y las palabras del alcalde no son solo elogio: son un llamamiento a reconocer la tauromaquia como parte del patrimonio simbólico de Alicante, capaz de unir identidad local y proyección exterior.

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