Servilismo o soberanía: la disyuntiva que el país exige resolver
Sánchez coloca a Feijóo y Abascal frente al espejo: ¿alianza sumisa o defensa del interés nacional?

Redacción · Más España


En el Teatro Palacio de la Audiencia, con el No a la guerra convertido en el mantra de la campaña socialista en Castilla y León, el presidente del Gobierno pronunció lo que no es un simple reproche: es una sentencia política. En voz alta y con la claridad que exige la coyuntura internacional, pidió distinguir entre la sumisión a aliados poderosos y la defensa de la soberanía nacional.
Pedro Sánchez calificó de «serviles» a Alberto Núñez Feijóo y a Santiago Abascal por respaldar, según su diagnóstico, la «ley del más fuerte» en el conflicto contra Irán, en una crítica dirigida implícitamente a la postura de Estados Unidos. No es mera retórica: vinculó ese respaldo a un posicionamiento que, a su juicio, choca con la opinión pública española y con el interés general del país.
El presidente fue más allá del adjetivo: llamó «hipócritas» a los líderes del PP y de Vox por defender un conflicto que ya está encareciendo la vida de los españoles. Señaló, con datos de percepción política del momento, que la ofensiva contra Irán ha tenido ya un impacto evidente en la subida de los carburantes, y reprochó, con contundencia, que nadie de la derecha va a pagar el gas ni la calefacción de los hogares ni la gasolina de los tractores. «Es muy fácil ser belicoso a costa del bolsillo de los demás», sentenció.
Sánchez articuló su mensaje en torno a una fórmula nítida: «El No a la guerra es un sí a la soberanía española». Recordó la memoria reciente —la referencia a 2003— para trazar una línea entre quienes entonces impulsaron una guerra contra la opinión pública y quienes hoy, según él, vuelven a apoyar un conflicto que vuelve a separar al Gobierno de amplios sectores de la sociedad.
También hubo reproche político interno: igualó a PP y Vox como propagadores de bulos tras la difusión por parte de Génova de que la ministra de Defensa dijo al embajador estadounidense «Estoy con Trump», cuando la frase real fue «Estoy cómoda», según explicó el presidente. «Propagar un bulo es grotesco», afirmó, y lo enlazó con la falta de argumentos de sus adversarios.
Frente a las presiones por un posible adelanto electoral, repitió su intención: no piensa convocar comicios y aseguró que las elecciones serán en 2027. Y enarboló el eco internacional de la posición de España: «Viendo el eco de la posición de España, podemos decir que es un orgullo ser español», defendió, convencido de que no están solos frente a quienes «defienden lo indefendible».
El tono del acto sumó apoyos y alabanzas desde el PSOE autonómico y ministerial: el candidato socialista en Castilla y León y la ministra de Igualdad respaldaron la tesis de que la paz y la multilateralidad son la verdadera defensa del interés nacional, y subrayaron que el posicionamiento del presidente no busca cálculos electorales sino coherencia política.
En definitiva, el presidente colocó el debate donde entiende que debe estar: no solo en términos internacionales, sino en la cuenta corriente de los españoles. Soberanía versus servilismo; interés general versus gestos belicosos que, según su relato, se pagan con mayor coste para empresas, trabajadores y hogares. Es la bandera con la que el PSOE afronta esta campaña en Soria, y la apelación que lanza a un electorado preocupado por la paz y por el bolsillo.
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