Sánchez y el Papa: firmeza diplomática ante el ruido de Trump
Una cita en el Vaticano que antecede la histórica visita papal a España

Redacción · Más España


El anuncio de una reunión entre Pedro Sánchez y el Papa León XIV en el Vaticano, prevista para el 27 de mayo según fuentes del Gobierno, no es un gesto protocolario más: es la plasmación de una relación institucional que busca diálogo y presencia en tiempos convulsos.
Será la primera entrevista entre ambos desde el inicio del pontificado de Robert Prevost y llega días antes de la visita histórica del Pontífice a España, que tendrá lugar del 6 al 12 de junio con actos en Madrid, Barcelona, Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife. La agenda habla por sí misma: no es turismo diplomático, es coordinación de altos asuntos que incluyen migración, paz y derechos humanos, temas que han sido recurrentes en los intercambios previos.
No olvidemos el telón de fondo: las críticas vertidas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra el Papa —llegando a calificarle de "terrible en política" y a instarle a "dejar de complacer a la izquierda radical"— y la respuesta tanto del Pontífice como del presidente del Gobierno. Sánchez, con una voz decidida, defendió al Santo Padre: "Mientras que algunos siembran el mundo de guerras, León XIV siembra la paz, con valentía y coraje". Y el propio Pontífice, según la Santa Sede, recordó que "el Evangelio es claro" y que la Iglesia tiene la obligación moral de ir contra la guerra.
Ese cruce público obliga a leer la próxima cita con atención patriótica: España no puede ni debe permanecer al margen cuando se debaten principios universales en la escena internacional. La coherencia en política exterior exige respaldos claros cuando se defienden la paz, la dignidad humana y la protección de los más vulnerables, cuestiones que la propia Moncloa ha señalado como ejes de colaboración con el Vaticano.
Además, la visita del Papa a nuestro país —con una reunión prevista con Sánchez el 8 de junio en la Nunciatura Apostólica y la inédita intervención en el Congreso— subraya la singularidad del momento. Es una ocasión para reafirmar valores comunes, no para sumarse al ruido interesadamente polarizado que emana desde otras capitales.
Que la diplomacia española mantenga la compostura y la firmeza, defendiendo el diálogo y la paz, es un deber con la nación y con la propia credibilidad internacional. La reunión del 27 de mayo puede ser, por tanto, mucho más que un gesto: una ratificación de principios y una respuesta serena frente a quienes confunden beligerancia con liderazgo.
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