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Sánchez rehúye la disculpa y apuesta por la compañía que le conviene

En el Congreso, el presidente elude rectificar por el tuit sobre Aitor Esteban mientras la portavoz del PNV le exige respeto

Redacción Más España

Redacción · Más España

29 de abril de 2026 2 min de lectura
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Sánchez rehúye la disculpa y apuesta por la compañía que le conviene
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El hemiciclo ofreció ayer otra lección de realismo político: preguntas directas, respuestas calibradas y silencios que pesan. Pedro Sánchez compareció ante la oposición en un momento en que sobre el Congreso planean, además, las declaraciones de dirigentes socialistas en el Tribunal Supremo. En ese contexto, el presidente eligió evitar el terreno de la enmienda pública: no ofreció disculpas por el tuit del PSE que se mofó de Aitor Esteban.

Maribel Vaquero, portavoz del PNV, le recordó al jefe del Ejecutivo una evidencia parlamentaria incontestable: "la aritmética parlamentaria le es adversa". Le preguntó por prioridades y soluciones y, al reprocharle la falta de respeto que supuso el tuit, le planteó una advertencia medida y rotunda: "Usted verá si quiere compañía o no". No hubo estridencias; hubo, en cambio, una exigencia clara: el respeto como condición mínima de cualquier alianza.

Sánchez, por su parte, evitó entrar en la disculpa. Desvió el foco hacia los pactos del PP y Vox, y afirmó que sus guías se marcaron "hace ocho años" cuando llegó a La Moncloa. Agradeció el respaldo del PNV en múltiples ocasiones y se definió como dispuesto a buscar "buena compañía", pero no corrigió ni matizó el episodio que originó la ofensa.

La portavoz vasca no dejó pasar otros frentes: recordó la huelga de sanidad con sus efectos sobre los ciudadanos y apuntó que se trata de "un conflicto estatal" que no admite el juego de responsabilidades autonómicas. También citó la vivienda y la dependencia como signos de que no todo va bien, frente a la narrativa oficial.

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, sumó otra línea de ataque: trajo a colación el Comité Federal de 2016 y el intento de pucherazo, y vinculó el proceso judicial contra José Luis Ábalos en el Supremo con una crítica directa al Gobierno. Feijóo sostuvo que ese juicio es, en la práctica, "un juicio al Gobierno" y esgrimió la incapacidad del Ejecutivo para resolver problemas como la huelga de médicos.

Frente a esas imputaciones, Sánchez apeló a las medidas de su Ejecutivo: fondos a la sanidad, datos de la EPA y la subida de pensiones, para concluir que su gobierno "sirve a los trabajadores y a la mayoría social del país". La réplica de la oposición insistió en que el país vive tensiones que exigen respuestas distintas a la confrontación retórica.

La tercera intervención, desde UPN, pidió directamente la convocatoria de elecciones. Sánchez rechazó esa salida y reafirmó su intención de agotar la legislatura: "solo se abrirán las urnas en 2027", respondió.

Queda, pues, la imagen de un presidente dispuesto a preservar apoyos y agradecimientos verbales, pero reacio a admitir errores públicos cuando la ofensa proviene de su propio ámbito. Y queda la advertencia del PNV: la compañía puede mantenerse, pero no a cualquier precio. Ese imperativo del respeto queda plantado en la plaza pública como condición que exige respuesta y, posiblemente, consecuencias políticas.

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