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Sánchez pide ocho años más mientras se atenúa la tensión con el PNV

Una sesión de control marcada por reproches contenidos, advertencias nacionalistas y la reivindicación presidencial de continuidad

Redacción Más España

Redacción · Más España

29 de abril de 2026 2 min de lectura
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Sánchez pide ocho años más mientras se atenúa la tensión con el PNV
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En el retablo parlamentario de esta sesión de control se vieron las sombras largas de las derrotas recientes y las costuras ásperas de una legislatura a tiras. Feijóo, con el tono de quien rescata imágenes y agravios del pasado, recordó las recientes derrotas del presidente y acusó al Ejecutivo de pretender permanecer en La Moncloa “sin mayoría y sin Presupuestos”. Fue la carcasa dura del día: el PP tirando de archivo para señalar debilidades.

La réplica no fue un estallido, sino una propuesta: Sánchez no dijo que convocará inmediatamente, pero sí elevó la apuesta retórica y política: “Lo que España necesita son otros ocho años de Gobierno progresista”. Palabras de ambición que buscan convertir la fragilidad parlamentaria en horizonte de futuro.

El PNV, por boca de Maribel Vaquero, se plantó en un registro distinto: no ruptura, sino advertencia. En la resaca del choque entre su formación y el PSOE vasco por un tuit contra Aitor Esteban, Vaquero pidió al presidente “cuidar las formas” y “altura de miras”. Recordó asimismo la caída del decreto de prórroga de los alquileres, tumbado con la abstención peneuvista, y recriminó al Gobierno la falta de diálogo sobre medidas clave. El reproche incluyó un dato concreto y grave: la huelga de médicos, que —dijo Vaquero— ha provocado la suspensión de 8.000 operaciones en Euskadi.

Sánchez optó por la calma y la cercanía. Agradeció “la buena compañía” del PNV, reivindicó la transferencia de competencias al País Vasco “como nunca en la historia de la democracia” y desgranó sus prioridades en clave económica y exterior, trazando un discurso técnico que, al mismo tiempo, buscó apaciguar tensiones.

Feijóo, por su parte, tiró de memoria y metáfora: habló de “pucherazo” al evocar imágenes de un comité federal que marcaron la década anterior y situó al Gobierno en el escarnio del juicio del caso Koldo. Puso sobre la mesa la huelga sanitaria y atacó la gestión del Ejecutivo en materia de sanidad. Sánchez respondió con displicencia y con la habitual división que plantea entre “gobernar para la mayoría” y la oposición que sirve “a una élite”.

La sesión, notablemente, careció del estruendo habitual: no se escucharon los insultos esperados y Vox ni siquiera formularon pregunta. Hubo, sin embargo, episodios de tono bajo y brutal: la reiterada utilización por parte del diputado Jaime de los Santos de vocablos soeces contra la ministra de Igualdad volvió a representar esa nota discordante.

En conjunto, la jornada dejó un paisaje mixto: reproches firmes pero contenidos, advertencias de una fuerza nacionalista que reclama formas y diálogo, y un presidente que, lejos de moderar su ambición, pide más tiempo y refrendo para su proyecto. La Cámara exhibe, así, la tensión entre gobernabilidad y legitimidad: no tanto choque abierto como recordatorio constante de límites y condiciones para sostener la acción de Gobierno.

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