Sánchez elude llevar al Congreso el envío de la fragata Colón amparado en la ley de Defensa
El Gobierno argumenta que la misión es defensiva y una continuidad de tareas previas para no someterla a votación

Redacción · Más España
El anuncio de que la fragata Cristóbal Colón partirá hacia Chipre ha reabierto el debate sobre los límites del poder ejecutivo para desplegar fuerzas en el exterior. El presidente Pedro Sánchez ha decidido no someter esa decisión a votación en el Congreso y se ampara en la Ley Orgánica de Defensa Nacional aprobada en 2005 para justificarlo.
El argumento central del Gobierno es doble: primero, que el envío de la fragata responde a la defensa de la frontera europea y, por tanto, del interés nacional que habilita al Ejecutivo a ordenar operaciones en el exterior conforme al artículo 17 de la normativa; segundo, que no se trata de una misión nueva sino de la continuación de labores de escolta, adiestramiento y cooperación que la unidad ya desempeñaba en el Mar Báltico junto al grupo aeronaval francés del Charles de Gaulle, pero ahora en otro flanco europeo.
Frente a esa interpretación, el PP había reclamado expresamente que la Cámara Baja votara la autorización del envío. El Gobierno, no obstante, opta por no acudir a esa consulta parlamentaria y sostiene que actúa ajustándose a la legalidad internacional y nacional y cumpliendo compromisos europeos.
En su comparecencia conjunta con el primer ministro portugués, Luis Montenegro, Sánchez defendió la decisión como una ayuda defensiva a Chipre y rechazó el paralelismo con la intervención de España en la guerra de Irak hace 23 años, cuando —subrayó— aquel Gobierno no solicitó permiso al Congreso. Anunció, en cualquier caso, que comparecerá en el Congreso a finales de marzo para explicar la posición del Ejecutivo sobre el conflicto en Oriente Próximo.
La comparecencia bilateral también puso de manifiesto diferencias de matiz con Portugal y, por extensión, con Estados Unidos. Montenegro expresó mayor cercanía con la posición estadounidense y describió a EE. UU. como un aliado ineludible, mientras que Sánchez reclamó una cooperación "real y leal en pie de igualdad" entre aliados, marcando distancia con determinadas formas de presión, según lo expuesto en el acto.
La decisión del Gobierno plantea una cuestión política más amplia: hasta qué punto los argumentos jurídicos sobre la existencia del interés nacional y la continuidad operativa pueden sustituir la deliberación parlamentaria cuando se trata del despliegue de capacidades militares en teatro extranjero. El Ejecutivo sostiene que actúa dentro del marco legal vigente y en solidaridad con socios europeos; la oposición exige control y voto del Congreso. Esa tensión institucional es, en sí misma, la clave del debate que seguirá en las próximas semanas.
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