Sánchez elige lealtad sobre eficacia: Hacienda queda en casa y la vicepresidencia, de escaparate
La remodelación prioriza el control partidario sobre la coherencia económica que exige el momento

Redacción · Más España


Pedro Sánchez ha decidido mantener bajo cerrojo la cartera más poderosa del Gobierno: Hacienda no saldrá de las filas del partido. En una jugada que replica retazos de la operación Calviño, el Ministerio que maneja la recaudación y las llaves del gasto público queda en manos de un hombre fiel al PSOE —Arcadi España— mientras que Carlos Cuerpo, técnico independiente sin carné socialista, recibe la vicepresidencia primera económica con poderes recortados frente al que debería ser su ámbito natural.
La elección revela una preferencia clara: primar la disciplina de partido y la confianza política sobre la entrada de un tecnócrata independiente en Hacienda. Esa decisión no es neutra. El presidente podría haber fusionado Economía y Hacienda, entregando a Cuerpo la responsabilidad plena y buscando coherencia en el aparato económico del Estado; optó por no hacerlo. El resultado es una vicepresidencia “más lucida que real”, con un titular expuesto internacionalmente pero privado de la mejor cartera del área.
No se trata solo de estilo: hay motivos prácticos que la decisión deja a la vista. En un momento en que el PSOE afronta la sombra de diversos casos judiciales que golpean al partido, y en el que la gobernabilidad pasa por asegurar concesiones presupuestarias a los socios independentistas, Sánchez se encomienda a un ministro militante y negociador pragmático como Arcadi España para gestionar asuntos espinosos —entre ellos fórmulas controvertidas como la troceación de la Agencia Tributaria o el modelo de financiación y quita de deuda pactado con Esquerra—.
El paralelismo con Nadia Calviño no es casual: en julio de 2021 se creó una vicepresidencia primera de imagen económica que luego se topó con la realidad del reparto de poder, donde Hacienda permaneció bajo mando socialista (María Jesús Montero) y condicionó las decisiones. La historia que ahora se repite consagra la apariencia de prioridad económica sin transferir la llave real del control fiscal a un independiente.
Las consecuencias son tangibles. España afronta un horizonte internacional con riesgos —la guerra de Irán, que empuja a la desaceleración— y domésticos: un tren de gasto estatal de gran calibre y la convalidación reciente del decreto anticrisis que acercan al país a incumplir las reglas fiscales europeas este mismo año, según advirtió la presidenta saliente de la AIReF. Hará falta capacidad negociadora frente a Bruselas y gestión firme de los fondos europeos; la vicepresidencia de Cuerpo tendrá que lidiar con ese reto, aun con menos herramientas de las deseables.
Otra lectura política se impone: al mantener la llave de Hacienda en manos de un militante valenciano, Moncloa garantiza que quien ocupe esa cartera pueda defender internamente el modelo de financiación acordado por Sánchez con Oriol Junqueras, del que la Comunidad Valenciana sale relativamente mejor situada. Es, en definitiva, una decisión que asegura cohesión con los compromisos políticos adquiridos en la negociación con los socios.
Queda la incógnita de la encaje entre el tecnócrata Cuerpo —con experiencia internacional— y un puesto de alta exposición política. Como le ocurrió a Calviño, Moncloa exigirá sacarle colmillo político: vender éxitos sin complejos y asumir protagonismo partidista cuando convenga. Pero el diseño institucional ahora impuesto limita el margen de maniobra del vicepresidente y preserva para el partido la llave determinante en la política económica.
Sánchez ha preferido, por tanto, la estabilidad del reparto interno y la fidelidad partidaria a la recomposición técnica que muchos reclamaban. Es una apuesta deliberada: una apuesta por control político en un escenario complicado, aunque ello deje la imagen de una vicepresidencia económica más luminosa en el papel que potente en los hechos.
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