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Sánchez, el paria que exporta la polarización a Europa

Dolors Montserrat señala desde Bruselas las decisiones que erosionan la unidad europea

Redacción Más España

Redacción · Más España

20 de marzo de 2026 3 min de lectura
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Sánchez, el paria que exporta la polarización a Europa
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Desde el epicentro del poder comunitario, en los fastos del 50 aniversario del Partido Popular Europeo, una voz española no se limita a la retórica: Dolors Montserrat dibuja un diagnóstico severo y nítido sobre la deriva del Gobierno español.

No se trata de una invectiva gratuita, sino de una enumeración de hechos y decisiones que, en su lectura, hacen mella en la cohesión de la Unión. Montserrat evidencia que España, bajo el mando de Pedro Sánchez, ha adoptado medidas contrarias a las recomendaciones comunitarias: habla de una regularización masiva que choca con el pacto migratorio y de acuerdos con Huawei pese a las advertencias de la Comisión sobre riesgos estratégicos y de datos. Son decisiones que, en su juicio, separan a Madrid del consenso europeo.

La secretaria general del PPE no sólo describe acciones: apunta consecuencias políticas. «Sánchez es un paria en Europa, un segundo Orbán», afirma con intención y clarividencia; una formulación que no es mera hipérbole sino la traducción de un aislamiento político que, según ella, se consolida cuando un Ejecutivo actúa al margen de la praxis común de la OTAN y de la UE.

Pero la crítica alcanza también a los aliados internos del presidente. Montserrat acusa a Teresa Ribera y a los socialistas de jugar a la protección táctica: convertir a la vicepresidenta en «soldado» de la misión de mantener a Sánchez «unos meses más agonizando en Moncloa». No es una mera anécdota: es, en su lectura, la evidencia de una prioridad partidista que sacrifica la defensa de Europa a favor de la supervivencia política.

La portavoz del PPE no omite el terreno de la comunicación y la manipulación: sostiene que los socialistas «manipularon» las palabras de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, para polarizar el debate y sostener al Ejecutivo español. En su versión, ese juego de espejos busca un objetivo claro: preservar la continuidad de Sánchez aun cuando, a juicio de Montserrat, ello suponga alejar a España de la línea mayoritaria de la Unión.

En Bruselas se percibe además la pujanza del PPE: Montserrat defiende la influencia creciente de su familia política, subrayando que el grupo cuenta ahora con más primeros ministros que en otras legislaturas y que su peso en instituciones como la Comisión, el Consejo y el Parlamento es notable. Esa fortaleza contrasta, en su relato, con la debilidad del socialismo europeo y con la conducta del Gobierno español, cuya gestualidad internacional —añade— ha sido recibida incluso con felicitaciones por parte de Hamás y del régimen iraní, un dato que la propia dirigente expone como reproche político.

No hay aquí simple estridencia: hay una advertencia patriótica. Montserrat reclama coherencia de Estado, defensa de fronteras y lealtad a los acuerdos europeos. Su mensaje, lanzado desde la capital europea, es claro: cuando un Gobierno deshilacha el cinturón común de la UE, no sólo se perjudica a la política exterior sino al prestigio nacional. Y cuando los aliados internos optan por proteger la supervivencia del poder por encima del interés común, la nación queda en deuda con su propio porvenir.

La intervención de Montserrat en el aniversario del PPE no aspira a la evocación vana; pretende, con la contundencia de los hechos que enumera, forzar una reflexión inmediata: la unidad europea no admite atajos ni componendas que la debiliten. España, en opinión de la número dos del PPE, no puede permitirse ser el lastre que frene la marcha de una Europa que busca cohesión y seguridad.

Quedan, por tanto, planteamientos y responsabilidades: el posicionamiento del Ejecutivo, la conducta de sus socios y la respuesta de la sociedad española. La pregunta —a la que Montserrat obliga a dar respuesta— es si se optará por recomponer puentes con Europa o por prolongar, consciente o inconscientemente, un aislamiento que nadie debería desear.

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