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Sánchez desenmascara la hipocresía ante la guerra: firmeza y patriotismo en Soria

En campaña por Castilla y León, el presidente reprocha a Feijóo y Abascal su doble vara de medir ante el conflicto en Oriente Próximo

Redacción Más España

Redacción · Más España

10 de marzo de 2026 2 min de lectura
Sánchez desenmascara la hipocresía ante la guerra: firmeza y patriotismo en Soria
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El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, habló alto y con claridad en el Palacio de la Audiencia de Soria. Rodeado por las voces que repetían «¡No a la guerra!», recordó una consigna que ya resonó en 2003: «El no a la guerra es un sí a la paz». No fue un eslogan vacío, sino la reafirmación de una posición pública y del compromiso de quien gobierna frente a la angustia de un conflicto que estremece Oriente Próximo.

En un acto de campaña para apoyar al candidato Carlos Martínez, de cara a las elecciones autonómicas de Castilla y León del 15 de marzo, Sánchez dejó sentada una idea que no admite ambigüedad: la oposición a la guerra no es neutralidad tibia, sino defensa activa de la paz y de la soberanía nacional. Fue en ese marco donde, según el propio relato del acto, acusó a Alberto Núñez Feijóo y a Santiago Abascal de comportarse como «hipócritas» ante la guerra, señalando la existencia de una doble vara de medir en la conducta política de sus adversarios.

La imagen fue deliberada y calculada: un líder gubernamental que reivindica coherencia en materia internacional en pleno ejercicio de campaña territorial. Recuperar un lema histórico —«El no a la guerra es un sí a la paz»— no fue casualidad; fue una declaración de principios destinada a marcar diferencias con quienes, a juicio del presidente, no sostienen la misma firmeza cuando toca posicionarse ante conflictos exteriores.

Lo sucedido en Soria no es únicamente un episodio de campaña; es una puesta en escena política que busca convertir la oposición a la guerra en un argumento de Estado y en un criterio de lealtad institucional. Sánchez apeló así a la soberanía de la Nación y a la coherencia de los actores políticos, dejando claro que, en su visión, la paz y la dignidad de la política pública no admiten ambivalencias ni equidistancias fáciles.

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