Rufián y Montero convocan el diálogo que la izquierda necesita, pero sin atarse
Un coloquio en Barcelona que reúne voluntad y prudencia ante la encrucijada electoral

Redacción · Más España


Gabriel Rufián ha vuelto a remover el escenario político de la izquierda al anunciar un acto en Barcelona para el 9 de abril con Irene Montero, moderado por Xavier Domènech, bajo el lema Que s’ha de fer (qué hay que hacer). No es una proclama de unión automática; es, sobre el papel y en voz de sus protagonistas, una convocatoria para hablar.
Ese gesto —replicar la conversación mantenida en Madrid el pasado 18 de febrero con Emilio Delgado— revela, sin grandilocuencias, una lectura clara: la dispersión de candidaturas penaliza y urge buscar fórmulas que maximicen votos donde más perjudica la fragmentación. Rufián lo expresa con crudeza: “nos comerán por los pies si no hacemos algo”. No es retórica: es aviso político ante el avance de las derechas.
Irene Montero eleva la apuesta moral y práctica. “Tenemos que darle certezas a la gente”, dice, y no rehúye el lenguaje colectivo: “hacer equipo con Gabriel me parece una muy buena idea”. La eurodiputada subraya que su ambición es preparar a la izquierda para las generales, para “ganarle a las derechas en todos los ámbitos” y para políticas concretas —alquileres, precios de la cesta básica, fortalecimiento del feminismo— que, insiste, reclaman una izquierda fuerte.
No obstante, la realidad organizativa limita la retórica. Fuentes próximas a Rufián y el propio partido de ERC han descartado que esto sea el germen de una coalición estatal: Rufián seguirá siendo cabeza de lista por Barcelona y ERC niega aperturas a alianzas de ámbito español. Podemos, por su parte, sostiene su trayectoria de buscar acuerdos pero reclama prudencia: las alianzas, dicen, “van a caer por su propio peso” si el objetivo está claro.
El contraste entre voluntad y prudencia se explica por el mapa electoral y los precedentes recientes. Un sondeo de 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER sitúa a Rufián como el preferido para encabezar ese espacio a la izquierda del PSOE (52% frente al 10% de Montero). Y las urnas de Castilla y León recuerdan el precio de la separación: la alternativa de izquierdas que concurrió por separado obtuvo un resultado pírrico, con alianzas alcanzando solo el 2,2% y Podemos un 0,74%.
El acto del 9 de abril no blinda ni disuelve proyectos. Es una llamada a hablar entre quienes comparten objetivos y, a la vez, un ejercicio de contención: nadie prometió coaliciones inmediatas, nadie renunció a la autonomía territorial. Es política en estado bruto: tanteo, cálculo, advertencia y preparación.
Queda por ver si estas conversaciones se traducen en acuerdos electorales o en meros gestos de campaña. Lo cierto es que la izquierda que pretende competir necesita sincronía estratégica sin perder su identidad. El coloquio en Barcelona será, por tanto, una prueba de madurez: si habla para sumar o si habla para sostener lo ya sabido. La gente, mientras tanto, pide certezas; y la política obliga a darlas o a asumir las consecuencias.
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