Rufián tensa la cuerda de la izquierda: Montero en Barcelona y la incómoda música de la unidad
Un acto el 9 de abril que agita el debate sobre coaliciones sin garantizar coalición alguna

Redacción · Más España


La política española vuelve a mostrarse en crudo: propuestas que suenan a salvación para algunos y a quimera para otros. Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso, retoma la iniciativa de un gran acuerdo de izquierdas y lo hace con gesto público: un acto el 9 de abril en Barcelona con la presencia de Irene Montero. No es una ocurrencia menor; es una apuesta por reabrir el debate sobre la unidad cuando el mapa electoral está en permanente convulsión.
Que sea una "charla" —repiten las fuentes próximas al diputado— no elimina el valor político del encuentro. Que participe la número dos de Podemos, después de que ese partido minusvalorara el primer acto en Madrid, tiene su lectura evidente: Podemos busca oxígeno y visibilidad tras sus reveses autonómicos y quiere acercarse, al menos simbólicamente, a quien hoy proyecta liderazgo en determinadas encuestas.
Rufián ha ido moldeando su método: una confluencia amplia que incluya —según su propuesta— a fuerzas independentistas como ERC, y también a EH Bildu o al BNG, para evitar la competencia entre candidaturas provincia a provincia. La idea central: una sola lista para obtener eficacia y una confección de candidaturas "mixta" que permita representación plural en cada circunscripción, sin renunciar a la preeminencia de quienes más arraigo territorial tengan.
Ese método no ha estado exento de ajustes. La tesis primigenia, la retirada de partidos menos votados en favor del mayoritario, naufragó ante la oposición tajante de las formaciones implicadas. Y aun así, Rufián persiste en su estrategia de "orden, eficacia y método", palabras que calzan como lema y como argumento para quienes buscan maximizar el voto de izquierdas.
Pero la realidad interna es tozuda: tanto EH Bildu como el BNG y el propio partido de Rufián muestran rechazo a una aventura de coalición tal como fue planteada en sus puntos más extremos. Y Podemos, mientras, lleva una estrategia de frontal impugnación al Gobierno de coalición y a Sumar, a quienes reprocha sumisión al PSOE y renuncia a las políticas transformadoras que reivindica. Esa lógica ha llevado a Podemos a competir frente a Sumar e IU en elecciones autonómicas y a mantener tensiones sobre posibles alianzas.
Irene Montero ha alimentado, en todo caso, la hipótesis de colaboración con Rufián: "hacer equipo con Gabriel me parece una muy buena idea", dijo en TVE, subrayando que la movilización de la izquierda no es solo para las generales sino para construir certezas entre los votantes y confrontar con la derecha. Sus palabras reflejan una intención política: primero fortalecer una "izquierda fuerte" y que las alianzas "caigan por su propio peso" entre quienes compartan ese objetivo.
El escenario se complica porque, en paralelo, Sumar, IU, Más Madrid y Comunes ya formalizaron una alianza en Madrid y preparan su presentación oficial en abril, justo cuando Rufián organiza su cita en Barcelona. Lo que para algunos es una invitación a la concordia, para otros es una tensión añadida a un tablero ya saturado de iniciativas y egos.
El acto en Barcelona, por tanto, no es un mero folclore político: es un termómetro. Mide la disposición real de las formaciones de izquierdas a articular espacios compartidos y mide también la voluntad de Podemos de salir del aislamiento táctico tras sus resultados. Que la entrada de figuras clave agote localidades no es un dato inocuo; es la constatación de una demanda ciudadana por respuestas claras. Pero voluntad, expectación y presencia no bastan: la política exige acuerdos concretos, reglas claras y, sobre todo, voluntades que toleren la lógica del compromiso.
Queda por ver si la "charla" del 9 de abril será semilla de unidad o un episodio más en la larga sucesión de propuestas que se evaporan entre desavenencias. La izquierda española revive su debate clásico: ¿priorizar la pureza del proyecto o la eficacia electoral? Rufián y Montero lo han puesto de nuevo sobre la mesa. La responsabilidad ahora es de quienes dicen aspirar a gobernar: convertir retórica en método, expectación en pacto y proclamaciones en candidaturas que no se pierdan por el camino.
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