Restaurar la confianza: la Policía ante el deber de ejemplaridad
El nuevo DAO promete proteger a las víctimas y alerta del peligro de la sospecha generalizada

Redacción · Más España


La ceremonia de toma de posesión de José Luis Santafé como director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional no fue un mero relevo de nombres. Fue un acto público de reparación de la confianza y un reclamo a la responsabilidad institucional en momentos en los que esa confianza ha quedado dañada.
Santafé, hasta ahora jefe superior de la Policía en las Islas Baleares, dejó claro su compromiso: "proteger a las víctimas de agresión sexual o acoso" y atenderlas como prioridad. Afirmó que la Policía investigará "todo a fondo, sin ninguna traba" y que siempre colaborará con la justicia "con la mayor diligencia". Palabras sencillas, pero necesarias; medidas que la víctima y la sociedad esperan ver materializadas.
No fue un discurso aislado. El director general, Francisco Pardo Piqueras, recordó la actuación inmediata cuando conocieron la querella contra el anterior DAO el 17 de febrero: apartar del puesto para proteger a la víctima e iniciar un relevo con rapidez y contundencia. Fue, dijo, una reacción priorizando la protección de la denunciante y la puesta a disposición del juzgado y de Asuntos Internos.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, confesó su "profunda decepción" por los hechos que han pasado por el tamiz público y advirtió del daño que estos episodios provocan en la imagen del Cuerpo. Recordó que la ejemplaridad y la rendición de cuentas fortalecen el sistema democrático y que cuando el comportamiento individual pone en riesgo el esfuerzo colectivo se debilita la confianza en las instituciones.
Frente al desgaste, Marlaska y la cúpula policial anuncian una apuesta por la revisión de los protocolos internos, el perfeccionamiento de los canales de denuncia y la protección de las víctimas. Es una respuesta coherente con lo declarado: "buscar la verdad sin ambages" y situar a la víctima en el centro de la actuación policial.
Queda, sin embargo, un mensaje que conviene subrayar con fuerza patriótica y sentido común: generalizar y sospechar de toda la Policía es "tremendamente peligroso", como dijo Santafé. La institución es, en sus palabras, "extraordinaria, fiel, preparada, moderna y siempre al servicio de España". Defender la institución no significa blanquear errores; significa exigir claridad, sanción cuando proceda y cambios eficaces para que la confianza se reponga sobre bases sólidas.
La nueva etapa que hoy se inaugura exige carácter y cohesión, según la dirección policial. Exige también, para ser creíble, que las promesas se traduzcan en investigación rigurosa, protección real a las víctimas y mecanismos internos que garanticen transparencia y responsabilidad. Solo así podrá la Policía Nacional recomponer su imagen y continuar en la vanguardia del sistema institucional que protege derechos y libertades.
Es el momento de la ejemplaridad. La sociedad espera que las palabras —de Santafé, de Pardo Piqueras y de Marlaska— no queden en retórica, sino que se confirmen en hechos que restauren la confianza y honren el servicio público.
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