Renuncia que desnuda la guerra: el jefe antiterrorista que acusó a la Casa Blanca
Joe Kent dimite y acusa a la administración de iniciar la guerra contra Irán por presiones externas

Redacción · Más España


Ha dimitido el funcionario de mayor rango en materia de antiterrorismo de Estados Unidos. Joe Kent, hasta ahora director del Centro Nacional de Antiterrorismo, presentó su renuncia y la hizo pública en su cuenta de X, reclamando al presidente Donald Trump que "cambie de rumbo" en las operaciones contra Irán.
En su carta, Kent afirmó sin ambages que Irán no representaba una "amenaza inminente" para Estados Unidos y acusó a la administración de haber "iniciado esta guerra debido a la presión de Israel y de su poderoso lobby estadounidense". Palabras directas que rompen la disciplina interna y obligan a preguntar: ¿quién decide el riesgo real y en función de qué influencias se toman las decisiones de vida o muerte?
La reacción de la Casa Blanca fue inmediata y tajante. El presidente Trump dijo sobre Kent que "siempre me pareció un buen tipo, pero siempre pensé que era débil en materia de seguridad; muy débil en seguridad" y afirmó que "es bueno que se haya ido" porque, a su juicio, Irán sí era una amenaza y "todos los países se dieron cuenta de la amenaza que representaba Irán".
Desde la oficina de prensa, Karoline Leavitt calificó las sugerencias de Kent acerca de la influencia externa como "insultantes y ridículas", y recordó que, según la administración, Trump contaba con "pruebas sólidas y contundentes" de que Irán iba a atacar primero a Estados Unidos. La directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, defendió además la prerrogativa del Comandante en Jefe para determinar qué constituye una amenaza inminente.
Kent, de 45 años, es un veterano de las fuerzas especiales y exagente paramilitar de la CIA. Su historia personal incluye la trágica muerte de su esposa, Shannon Kent, técnica criptológica de la Marina, en un atentado suicida en Siria en 2019. Sus credenciales profesionales y su pérdida personal le dieron un perfil público de peso; sin embargo, su paso por la administración estaba marcado también por controversias políticas.
Fue confirmado en el cargo por un estrecho margen en julio del año anterior. Durante la audiencia de confirmación generaron preocupación sus vínculos con grupos extremistas, entre ellos miembros de los Proud Boys, y sus afirmaciones sobre los sucesos del 6 de enero y las elecciones de 2020. Pese a ello, desde su posición supervisaba el análisis y la detección de amenazas terroristas globales y reportaba directamente a la directora de Inteligencia Nacional.
Fuera del Gobierno, la renuncia de Kent encontró elogios en sectores conservadores: el comentarista Tucker Carlson, con estrechos lazos personales con Kent, lo definió como "el hombre más valiente que conozco" y advirtió que los neoconservadores intentarían destruirlo por abandonar un puesto con acceso a inteligencia de alto nivel.
La carta de Kent no es solo una dimisión: es una acusación pública sobre el proceso que condujo a la guerra en Irán. Afirma que responsables extranjeros y voces mediáticas influyentes sembraron desinformación que desvió a Trump de su postura anterior de "America First". Son palabras que incendian el debate y obligan a separar: qué muestran los hechos y qué interpretaciones ejercen presión sobre el poder.
Queda la evidencia de una administración que defiende la legitimidad y la urgencia de sus decisiones y la de un alto funcionario que las descalifica desde dentro. En medio, la política exterior, la inteligencia y la credibilidad pública se tensan. ¿Se tomaron medidas por seguridad nacional o por influencias externas? La respuesta exige transparencia, pruebas y un debate que vaya más allá de las declaraciones públicas y de los reproches cruzados.
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