Reincidente detenido en Melilla: la amenaza que no supimos erradicar
Un yihadista condenado vuelve a captar y radicalizar a jóvenes tras salir en libertad vigilada

Redacción · Más España


La cuenta atrás se interrumpió en Melilla, pero la alarma no. Agentes de la Comisaría General de Información detuvieron esta semana a un hombre de nacionalidad española, de 40 años, acusado de radicalizar a mujeres jóvenes —algunas menores— valiéndose de las mismas vías que ya le valieron una condena en 2018. Ese pasado judicial no fue muro infranqueable: estaba en libertad vigilada cuando, según el Ministerio del Interior y la investigación en la que participó el CNI, retomó la labor de captación.
No son hipérboles: la Audiencia Nacional, por orden del juez Santiago Pedraz, acordó su ingreso en prisión el viernes. Le imputan pertenencia a grupo terrorista, enaltecimiento y autoadoctrinamiento terrorista y adoctrinamiento a terceros. En su domicilio se han intervenido dispositivos informáticos y documentación en papel que ahora analizan los investigadores.
La mecánica señalada por la Policía es conocida y por ello aún más inquietante: primer contacto en redes sociales para localizar a chicas de 18 y 19 años, incluso menores; traslado a espacios virtuales más restringidos; encuentros personales en los que, mediante manipulación y control, les transmitía preceptos religiosos afines a organizaciones terroristas y las animaba a reclutar a otras jóvenes. No es invención: así lo detalla tanto la nota policial como la sentencia que ya le condenó y que describía el mismo patrón operativo.
La sentencia de 2018, resultado de hechos admitidos por el propio condenado, estableció que hasta su detención en diciembre de 2014 lideró una célula dedicada a captar y preparar chicas para su desplazamiento a zonas de Siria controladas entonces por el Estado Islámico. El fallo recogía, además, la estrategia: mensajes en Facebook criticando la “crisis de valores” occidental, selección de candidatas que reaccionaban positivamente, traslado a grupos de WhatsApp con mensajes subliminales y, finalmente, la convocatoria a encuentros personales para preparar el paso a la acción.
Los jueces no se limitaron a relatar métodos; calificaron su visión como "totalitaria y radical" y documentaron su convencimiento de la yihad armada. También reflejaron su interpretación extremista del papel de la mujer: en escritos, atribuía al hombre un grado por encima de la mujer, según consta en la sentencia.
Este nuevo arresto encaja en una estadística que obliga a mirar con seriedad: El País calcula, a partir de datos oficiales del Ministerio, que ya son 20 los presuntos yihadistas detenidos en España en lo que va de año. Además, estudios recientes —como el del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo impulsado por Covite— señalan que la visibilidad y la implicación de mujeres en el fenómeno yihadista han aumentado; en 2025 hubo ocho detenidas, la mitad menores de 25 años, según ese informe.
No es momento de complacencias retóricas ni de adjetivos vacíos: los hechos cuentan una verdad cruda y repetida. Redes sociales, grupos cerrados, encuentros personales, manipulación y reciclaje de un radicalismo que la cárcel, en este caso, no logró extirpar por completo. La detención en Melilla es una buena noticia operativa, pero también una llamada a revisar con rigor cómo se articula la vigilancia, la reinserción y la prevención del adoctrinamiento, sobre todo cuando el objetivo son jóvenes vulnerables.
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