Recuerdo selectivo en La Rábida: el gesto que dejó fuera a la mayoría de Adamuz
El homenaje institucional se limitó a dos fallecidos vinculados a la Universidad Internacional de Andalucía; las demás víctimas expresan perplejidad e indignación

Redacción · Más España
La solemnidad de la XXXVI Cumbre Hispano‑Portuguesa en el Monasterio de La Rábida quedó interrumpida por un reproche que no admite floritura retórica: el acto de recuerdo celebrado en la explanada de la Universidad Internacional de Andalucía se centró en «las víctimas de esta Universidad», esto es, en dos fallecidos vinculados a la institución, y no en el conjunto de las 46 víctimas del accidente ferroviario de Adamuz.
Que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañado por las tres vicepresidentas —María Jesús Montero, Yolanda Díaz y Sara Aagesen— participara en ese momento de recogimiento no es controvertido. Tampoco lo es que el gesto incluyera la lectura del poema «El recuerdo» de Juan Ramón Jiménez y que la placa presidiera el acto con el texto explícito: "En memoria de las víctimas de esta Universidad en el accidente ferroviario de Adamuz". Lo que ha provocado sorpresa y enfado es la exclusión práctica del resto de afectados.
La realidad es inequívoca: de las 46 personas que fallecieron en Adamuz, 28 eran de la provincia de Huelva. En vez de un homenaje que representara a todas las familias, la agenda del Gobierno acotó el recuerdo a María Clauss y Óscar Toro, profesores y colaboradores de la Universidad Internacional de Andalucía. La Moncloa justifica el gesto por la coincidencia territorial de la cumbre; las víctimas y su asociación lo perciben como una omisión.
Mario Samper, presidente de la Asociación de Víctimas de Adamuz, lo expuso con palabras sencillas y duras: «Es otra acción, más bien omisión, que nos deja perplejos y nos indigna». Las víctimas consultadas por este diario confirmaron que no se cursó invitación ni contacto alguno para asistir al acto. Lo que en un primer momento se transmitió —según la retransmisión de La Moncloa— fue que se trataba de un recuerdo a las víctimas del accidente ferroviario; luego la descripción oficial se precisó y el sentido del homenaje quedó limitado.
No fue la única discrecionalidad del día. Estaba previsto un minuto de silencio al inicio de la cumbre por las víctimas de Adamuz; finalmente, ese minuto se dedicó de forma genérica «a todas las familias de quienes han perdido a seres queridos en España y Portugal recientemente». El primer ministro portugués, Luís Montenegro, sí tuvo un recuerdo explícito por los fallecidos al comienzo de su comparecencia. Sánchez, preguntado sobre un posible homenaje de Estado, aseguró su "absoluta disposición" a celebrarlo "en cuanto los familiares de las víctimas y las víctimas así lo consideren". No ofreció más detalles.
Hechos puros, sin adorno: hubo un acto institucional restringido a dos fallecidos vinculados a la Universidad que acogía la cumbre; la mayor parte de las víctimas, por tanto, no fue invitada ni representada en ese momento concreto; la Asociación lo denuncia y pide explicaciones. En política —y en memoria— las formas cuentan tanto como el fondo. Y cuando el gesto público se percibe como parcial, lo que debería ser consuelo se convierte en motivo de agravio.
Que una cumbre internacional ofrezca un instante de silencio y recuerdo es legítimo. Que ese instante sea interpretado como homenaje a todos los afectados por un terrible siniestro y luego se reduzca a un ámbito particular, merece rendir cuentas y dar la explicación que las víctimas y sus familias demandan sin ambages ni circunloquios.
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