Rajoy se planta y niega la “Kitchen”: defensa tajante en la Audiencia Nacional
El ex presidente rechaza las imputaciones sobre una operación política y defiende la legalidad policial

Redacción · Más España


La escena fue breve, seca y meditada: poco más de media hora ante la Audiencia Nacional en la décima jornada del juicio por la operación Kitchen. Mariano Rajoy habló y negó. Negó una y otra vez la existencia de una "operación política" destinada a sustraer material perjudicial para el PP. Negó que él hubiera metido en la trituradora cualquier sobre con anotaciones de la contabilidad B. Negó haber conocido nunca de confidentes, operaciones o fondos reservados.
El ex presidente situó los hechos dentro de una lectura distinta: lo ocurrido, dijo, fue "una actuación policial" con el objetivo de "coger el dinero del señor Bárcenas y averiguar quiénes eran sus testaferros" y añadió, con énfasis, que esa actuación "se adecuó totalmente a la legalidad". Frase que quiso cerrar puertas y ventanas a la interpretación política del operativo: ni el ministro, ni el secretario de Estado ni el presidente del Gobierno están en las operaciones policiales, recalcó.
Ante las preguntas de la acusación popular y de las defensas, Rajoy mantuvo la misma prosodia de respuestas tajantes: "Absolutamente falso" fue su término recurrente cuando se le preguntó si Bárcenas le había entregado un sobre con el remanente de la caja B o si él había triturado la última página de esos papeles en presencia del ex tesorero. "Pregúntele a ellos", fue su manera cortante de remitir las versiones enfrentadas a quienes las propusieron.
No faltaron las pinceladas personales que el proceso ha ido desgranando: Rajoy reconoció haber enviado el mensaje "Luis, sé fuerte", en un contexto de publicaciones continuas sobre Bárcenas durante años, pero rechazó cualquier implicación en la contabilidad opaca del partido o en la decisión de destruir pruebas. Sobre los motes con que, según la acusación, el ex comisario Villarejo se refería a él —"El Asturiano" o "El Barbas"—, respondió con ironía institucional: "Yo me llamo Mariano Rajoy, como todo el mundo sabe".
Preguntado por su relación con el entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, su respuesta fue medida: admitió que era posible que se comentara el asunto con ministros, con miembros del partido o con amigos por la incómoda situación que representaba la contabilidad B, pero negó conversaciones destinadas a condicionar la investigación judicial. Detrás del testigo, en el banquillo, escuchaba su ex ministro; y la sala siguió desgranando las piezas de un proceso en que Anticorrupción y la familia Bárcenas acusan a Fernández Díaz y a Francisco Martínez de haber montado a principios de 2013 el operativo para proteger judicialmente al partido.
Tras Rajoy compareció la ex secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, mientras el juicio sigue sumando testimonios y contrastes. La declaración del ex presidente, seca y repetitiva en su negativa, busca marcar un contorno claro: para Rajoy, lo que se juzga no fue una maniobra política urdida en la cúpula del partido, sino actuaciones policiales que él afirma se ajustaron a la legalidad. La palabra del tribunal y las pruebas seguirán su camino; la palabra del testigo, contundente y patriarcal, ya ha quedado estampada en el acta.
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