Rajoy ante la Audiencia: la tormenta de Kitchen y la austeridad de las respuestas
El expresidente declara como testigo tras las acusaciones de su extesorero Bárcenas

Redacción · Más España


La política, decía Rajoy, es como un junco: cuando viene el ciclón hay que inclinarse y, pasado, volver a tu lugar. Hoy ese junco se ha plantado ante la Audiencia Nacional. El expresidente declara en el juicio de Kitchen bajo la misma premisa con la que siempre ha respondido a las preguntas sobre la trama: negar cualquier implicación y sostener que no dio instrucciones sobre lo que no conocía.
No es una tempestad menor. En la vista oral, la acusación central que emergió no fue la de un cuerpo policial aislado, sino la que lanzó Luis Bárcenas: que la operación arrancó en la dirección del Partido Popular y después tuvo traslado al Ministerio del Interior. Es una tesis que choca con la versión —hasta ahora mantenida por parte de la defensa de la investigación— de que todo se gestó exclusivamente en el departamento que entonces dirigía el ministro Jorge Fernández Díaz.
Bárcenas fue explícito en algo concreto y serio: afirmó que existían grabaciones y describió, otra vez, una escena que implicaba a Rajoy —una entrega de papeles y su posterior destrucción— relato que el expresidente negó tajantemente. Rajoy declaró que nunca trituró lo que no estuvo en sus manos y recordó que la primera vez que vio esos papeles fue cuando se publicaron en prensa el 31 de enero de 2013.
La Fiscalía Anticorrupción subraya el objetivo de la trama: recuperar documentos “comprometedores” que Bárcenas pudiera conservar, incluso audios que, según la acusación, podían implicar a cargos orgánicos del PP. Esa línea de investigación encontró, sin embargo, un límite procesal: el juez instructor decidió cerrar la llamada “conexión política” por falta de indicios y la Sección Tercera de la Sala de lo Penal avaló esa decisión.
No es menor que Rajoy no hubiera declarado ni como imputado ni como testigo en la fase de instrucción del caso Kitchen y que su testimonio público llegue ahora, en la vista oral, en un contexto en el que las versiones chocan. La Fiscalía pide penas para una decena de mandos de Interior y Policía sentados en el banquillo; el PSOE solicitó sin éxito reabrir la instrucción para profundizar en la conexión política y volver a imputar a María Dolores de Cospedal.
Aquí están, sobre la mesa del tribunal, dos discursos: uno que apunta hacia el corazón orgánico del partido como punto de partida de la operación y otro que subraya la investigación centrada en determinados mandos policiales. Rajoy, fiel a su guion, se inclina y defiende su inocencia. El país, sin embargo, exige claridad. Que la justicia examine, que las pruebas hablen y que, más allá de metáforas sobre juncos y ciclones, la verdad salga sin paños calientes.
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