Perú en vilo: la fragmentación electoral que puede regalarle la presidencia a Fujimori
Con el 92,1% escrutado, la derecha lidera y la pugna por el segundo puesto decide el rumbo

Redacción · Más España


Las cifras hablan y, a la vez, no responden. Con 92,1% de los votos contabilizados, Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, lidera el recuento presidencial en Perú con 17%. Pero lejos de ofrecer certezas, esa cabeza de lista ilumina la fragmentación: el izquierdista Roberto Sánchez, de Juntos por Perú, se ha situado en la segunda posición con 12%, superando al ultraconservador Rafael López Aliaga, que obtiene 11,8%.
No es una pelea de dos; es una disputa en empate técnico. El centrista Jorge Nieto registra 11% y Ricardo Belmont alcanza 10,1%. Esa dispersión del voto obliga a la cautela: cualquier oscilación mínima puede redefinir quién acompaña a Fujimori en el balotaje previsto para el 7 de junio.
No todo ha sido puro escrutinio técnico. La jornada electoral se desarrolló en general con normalidad, pero incidentes en varios colegios de Lima —donde no llegaron papeletas y el voto fue impedido el domingo— ensombrecieron el proceso y detonaron polémica institucional. El Jurado Nacional de Elecciones optó por abrir de nuevo los centros afectados el lunes y, además, denunció ante la Fiscalía al jefe de la ONPE, Piero Corvetto. Las peticiones de dimisión de Corvetto han cobrado fuerza entre sectores molestos por las incidencias.
En ese clima, Rafael López Aliaga calificó lo ocurrido como un “fraude electoral único en el mundo” y exigió la nulidad del proceso, aunque no presentó pruebas que sostengan tal afirmación. La jefa de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea, Annalisa Corrado, descartó la existencia de irregularidades. Las tensiones discursivas contrastan, pues, con la evaluación internacional.
Más allá de la presidencia, el Parlamento también se juega su destino. El conteo de las elecciones parlamentarias avanza con lentitud porque las autoridades priorizan el recuento presidencial; pero el control del Congreso es determinante en Perú: la cámara ha tenido históricamente la capacidad de vacancia y la inestabilidad política se refleja en cifras dramáticas —ocho presidentes en los últimos diez años— que explican por qué la composición legislativa es objetivo central de la contienda.
La reforma constitucional de 2024 que restablece el bicameralismo y la figura del Senado añade más peso al resultado: la futura Cámara de Senadores tendrá amplios poderes y la mayoría que la controle podrá condicionar, e incluso acotar, la acción del presidente. En suma, lo que hoy parece una franja estrecha entre candidatos define no solo quién será finalista, sino el mapa de poder en el Perú inmediato.
Perú afronta, pues, una disyuntiva que supera nombres y lemas: un recuento en marcha, un país fragmentado y unas instituciones bajo escrutinio. La pregunta que queda en pie es simple y urgente: ¿lograrán las autoridades cerrar el capítulo del escrutinio con transparencia y rapidez, o prolongarán la incertidumbre que tanto ha desgastado la política peruana?
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