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Ormuz: Irán proclama soberanía y desafía el statu quo

El excomandante de la Guardia Revolucionaria afirma que Teherán decidirá el paso por el estrecho

Redacción Más España

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21 de abril de 2026 3 min de lectura
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Ormuz: Irán proclama soberanía y desafía el statu quo
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Irán ha colocado sobre la mesa una afirmación clara, severa y calculada: no cederá el control del estrecho de Ormuz. Así lo declaró Ebrahim Azizi, excomandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y presidente del Comité de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento, en una entrevista concedida a la BBC en Teherán.

"Jamás. Es nuestro derecho inalienable", dijo Azizi, y añadió que Irán "decidirá el derecho de paso, incluyendo los permisos para que los buques transiten por el estrecho". No fue una frase casual: anunció además la intención de presentar un proyecto de ley en el Parlamento, amparado en el artículo 110 de la Constitución, que abarcará medio ambiente, seguridad marítima y seguridad nacional, y que las fuerzas armadas habrán de implementar.

No es retórica de ocasión. El propio artículo periodístico subraya que, en el marco del reciente conflicto, Teherán ha convertido ese corredor marítimo en un activo estratégico y una herramienta de presión. Azizi describió el estrecho como "uno de nuestros activos para enfrentar al enemigo", un recurso que, dice, servirá tanto en la negociación inmediata como en la estrategia a largo plazo.

La reacción no se ha hecho esperar en la región. Países vecinos han puesto el grito en el cielo: un alto cargo de los Emiratos Árabes Unidos calificó la pretensión iraní como "un acto de piratería hostil" y advirtió del peligro de sentar un precedente para otras vías marítimas internacionales. Omán, por su parte, mantiene conversaciones con Teherán para garantizar el tránsito seguro de los buques, en una muestra de la complejidad geopolítica que rodea al paso.

En Teherán, las afirmaciones de control también han avivado tensiones internas: la declaración del ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, de que el estrecho estaba "completamente abierto" provocó inmediatas críticas de medios vinculados a la Guardia Revolucionaria y la expresión irónica del presidente estadounidense, Donald Trump, quien respondió con un "GRACIAS" en mayúsculas a la publicación. Los medios estatales iraníes calificaron el mensaje del ministro de confuso y oportunista, evidenciando divisiones sobre el alcance y el tono de la política oficial.

Azizi atacó con dureza a quienes considera responsables de la presencia militar extranjera en la región: en su discurso, Estados Unidos fue llamado "el mayor pirata del mundo". Y, no obstante la confrontación verbal, pronunció un llamamiento a la cooperación: "Siempre hemos dicho que debemos trabajar juntos para garantizar la seguridad de nuestra región". Palabras que chocan con la realidad de un Parlamento dominado por sectores intransigentes y una Guardia Revolucionaria cada vez más central en la toma de decisiones.

Lo que está en juego es evidente y tangible: el estrecho de Ormuz es un punto estratégico para el suministro energético y el comercio marítimo mundial. Cualquier decisión que restrinja o condicione el paso de buques cisterna y mercantes tendría efectos económicos y geopolíticos de alcance global. Esa es la razón por la que la proclamación de control iraní —y su intención de legislarlo— no puede ser contemplada como una simple pieza de propaganda, sino como un cambio de hecho con potenciales consecuencias duraderas.

El episodio deja, además, otra enseñanza: la diplomacia y la seguridad marítima del Golfo ya no pueden pensarse sin incorporar la variable de una Teherán que busca consolidar su influencia mediante instrumentos legales y militares. Si se confirma la vía legislativa anunciada por Azizi, el mundo tendrá delante no solo una reivindicación retórica, sino una pretensión institucionalizada de decidir quién y cómo atraviesa una de las arterias del comercio global.

Queda por ver cómo reaccionarán los actores regionales y globales, y si prevalecerán los cauces negociados o la tensión escalada. Lo cierto es que, por ahora, Irán ha trazado una línea firme en el mapa marítimo: el estrecho de Ormuz pasa a ser, según su propio discurso, una cuestión de soberanía imposible de ceder.

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