Orihuela sin Día del Libro: la cultura no puede quedar en manos del abandono
El PSOE denuncia que PP y Vox dejan a la ciudad sin actos institucionales; los vecinos toman la iniciativa

Redacción · Más España


Orihuela ha vivido este 23 de abril una paradoja dolorosa: la ciudad cuna de Miguel Hernández celebró el Día del Libro sin un solo acto institucional organizado por el Ayuntamiento. Un silencio administrativo que no es casualidad, sino consecuencia directa de decisiones políticas que han dejado un hueco que la calle y las asociaciones tratan de rellenar.
El PSOE local, a través de la concejala María García, ha calificado la situación de “inaceptable” y ha señalado con nombre propio a los responsables: el equipo de gobierno formado por PP y Vox. García no sólo lamenta la ausencia de programación en una jornada dedicada al fomento de la lectura; denuncia que ese abandono toca la fibra identitaria de Orihuela, estrechamente vinculada a la figura de Miguel Hernández.
Los hechos no son efímeros: en 2023 se recuperó el Salón del Libro y se celebró una exposición por los 15 años del Premio Internacional de Poesía Infantil Ciudad de Orihuela. Esos avances, que devolvían proyección cultural a la ciudad, parecen haber quedado en suspenso tras el cambio de gobierno municipal. La concejala socialista señala además la desaparición del certamen literario vinculado a la figura del poeta y atribuye a la salida de Kalandraka la pérdida de un premio con alcance internacional.
Frente a la inacción institucional, emergen ejemplos de digna resistencia civil. En la pedanía de La Aparecida, una asociación vecinal ha colocado mesas y estanterías en comercios para sacar libros a la calle y facilitar el acceso de la población a la lectura. Iniciativas que nacen de la propia sociedad cuando las administraciones no cumplen. Los vecinos llevan meses reclamando mobiliario, más personal y el uso de las instalaciones públicas del Centro Cívico para ampliar la oferta cultural local: demandas prácticas que no han obtenido respuesta satisfactoria.
María García ha resumido la cuestión con crudeza: "Hoy la cultura sobrevive gracias a sus vecinos, las asociaciones y las bibliotecas, y no a sus gobernantes". Esa frase es un aviso rotundo: la cultura no es un adorno estético ni un gasto prescindible; es columna vertebral de la identidad colectiva. Reclamaciones como un "cambio inmediato de rumbo" y una concejalía de Cultura que "trabaje y no desaparezca" no son caprichos políticos, sino exigencias mínimas de una ciudad que quiere honrar su historia y fomentar el hábito lector.
La escena es clara y ofrece dos caminos. O la política local asume su responsabilidad y recupera el pulso cultural que proyecte a Orihuela más allá de sus fronteras, o deja que la cultura sea un paréntesis sostenido por el esfuerzo voluntario de ciudadanos y asociaciones. Que la memoria de Miguel Hernández y el futuro cultural de Orihuela no queden relegados al voluntarismo: esa es la obligación de quienes gobiernan.
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