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No todo lo que ocurre en un barco puede manchar a una provincia: la defensa de Tierra del Fuego

Los hechos que niegan, por ahora, que Ushuaia sea el origen del brote de hantavirus

Redacción Más España

Redacción · Más España

10 de mayo de 2026 2 min de lectura
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No todo lo que ocurre en un barco puede manchar a una provincia: la defensa de Tierra del Fuego
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El itinerario del MV Hondius partió de Ushuaia el 1 de abril y terminó, inesperadamente, en Tenerife. No era ese su puerto de destino original: debía recalar en Cabo Verde. En su bodega de historias viajan 114 pasajeros y 61 tripulantes de 22 nacionalidades; en su forro médico, la sombra de un brote que suma seis casos confirmados y tres fallecidos.

Frente a esa estampa mediática —un barco que cambia de rumbo por razones sanitarias y la alarma que cruza continentes— las autoridades de Tierra del Fuego han repetido una verdad sencilla y contundente: en la provincia más austral de Argentina no se ha registrado, en su historia reciente, ningún caso de hantavirus. Desde 1996, cuando la enfermedad pasó a ser de notificación obligatoria, no consta notificación alguna en ese territorio.

Ese dato no es retórica, es criterio epidemiológico. Los técnicos locales subrayan además razones biológicas y geográficas: la subespecie del ratón colilargo, vector clásico asociado a la transmisión en la Patagonia norte, no está presente en Tierra del Fuego y las condiciones climáticas y de humedad de la isla no favorecen su desarrollo. A esto se suma una barrera natural: la isla y el estrecho de Magallanes dificultan la dispersión libre de especies silvestres.

De todos modos, la prudencia científica no se sustituye por certezas apresuradas. Expertos consultados admiten la necesidad de investigación: ecosistemas cambian y la presencia de reservorios en nuevas áreas es una posibilidad que exige trampeo y muestreos. Por eso el gobierno nacional ha anunciado el envío de especialistas para buscar rastros y verificar si el ratón vector ya se ha establecido en la región.

En medio de especulaciones periodísticas que apuntaron a un vertedero cercano a Ushuaia como posible foco —un lugar que, por lo demás, BBC Mundo visitó sin encontrar evidencias de afluencia turística significativa— las autoridades locales calificaron esa hipótesis como la menos probable, debido a que los roedores urbanos habituales en basurales no coinciden con el reservorio silvestre implicado en la enfermedad.

La narrativa pública y la urgencia informativa no deben sustituir a la investigación: hay casos confirmados, tres muertes, y un crucero desviado que obliga a trazar con rigor la cadena de contagios. Pero también hay datos que demandan respeto: no hay, por ahora, notificaciones históricas de hantavirus en Tierra del Fuego. Esa doble realidad exige que no se estigmatice a una comunidad por noticias aún en curso de verificación.

La respuesta adecuada es, en suma, técnica y serena: investigar con celeridad, trampear donde corresponde, buscar rastros biológicos y, mientras tanto, preservar la reputación de un territorio que declara, sobre la base de registros oficiales, no tener casos. No es un gesto de indiferencia: es la obligación de no convertir la conmoción en condena sin pruebas.

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