No habrá tándem: ERC frena la quimera de Iglesias y defiende su sigla
La propuesta Montero–Rufián choca con la dirección republicana y abre dudas sobre la fidelidad del diputado

Redacción · Más España


La escena está servida: en Barcelona, Irene Montero y Gabriel Rufián ofrecerán una charla pública que Podemos ha vestido de tándem electoral. Pero la realidad orgánica y las reglas del juego político no se doblegan a los deseos de los estrategas ajenos.
Fuentes de la dirección de Esquerra Republicana han sido tajantes con EL MUNDO: "No creemos que sea posible". No es un gesto menor: esa frase contiene la negativa de quien tiene la autoridad para decidir la estrategia de un partido que, según su presidente, concurrirá a las elecciones generales con sus propias siglas. No hay bendición de Junqueras; y sin ella, cualquier arreglo queda condenado al bricolaje táctico y a la fragilidad.
Algunos dirigentes republicanos confían en que Gabriel "reconducirá la situación": la esperanza de la dirección es que el portavoz en el Congreso vuelva al redil y no rompa la disciplina de partido que le hizo político profesional. Pero la confianza no es unanimidad. Dos cargos consultados por el diario admiten la otra posibilidad: si Rufián percibe oportunidades reales para erigirse en referente de la izquierda a nivel estatal, podría acabar rompiendo el carnet. "El tándem con Montero implicaría necesariamente la salida de Rufián", resume una de esas voces. No es una predicción melodramática: es una advertencia sobre las tensiones que genera cruzar identidades territoriales con ambiciones estatales.
Pablo Iglesias ha planteado públicamente dos caminos a Rufián: convencer a ERC de una alianza circunscrita a Cataluña que, según su lógica, desbloquearía dinámicas estatales; o abandonar Esquerra para buscar alianzas más amplias en torno a la bandera antifascista. Son propuestas que retan la cohesión interna de un partido con clara prioridad territorial y con un liderazgo que, por ahora, no acompasa su pulso.
El pulso existe y se exhibe en actos, titularidades y silencios. Junqueras no estará en la charla de Montero y Rufián —como ya se ausentó en un acto similar en febrero— y su reiterado discurso es nítido: Esquerra se presentará con sus siglas y no considera su función ser reagrupadora de la izquierda estatal. Es un rechazo con nombre y apellido a la idea de que la concreción de una fórmula electoral pueda suplantar la identidad de una formación independentista.
Que Podemos haya martilleado la idea del tándem desde el primer momento no convierte la quimera en proyecto viable. La política no es un escaparate de deseos: es una arquitectura de mayorías, legitimidades y obediencias internas. Las tensiones que subyacen en este episodio hablan menos de imposturas retóricas y más de los límites del oportunismo político cuando choca con la disciplina orgánica.
Queda la cuestión moral y práctica: si un dirigente territorial aspira a urdir un proyecto nacional, debe decidir si lo hace desde dentro o desde fuera; y la propia organización tiene el derecho a custodiar su identidad. Las sirenas que cantan desde fuera pueden seducir, pero la respuesta definitiva la dará la suma de voluntades dentro del partido y, en última instancia, la decisión del propio Rufián. Hasta entonces, la negativa de ERC a normalizar el tándem es más que una opinión: es la defensa de su espacio político.
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