No a la guerra: doctrina de campaña o coherencia perdida
El PP desmonta el eslogan resucitado por Sánchez y lo convierte en diana electoral

Redacción · Más España


La política, a veces, se convierte en pura cartografía del oportunismo: se rescatan lemas, se desempolvan eslóganes y se siembran consignas con un objetivo inmediato y calculado. El 'No a la guerra', acuñado por el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero en 2003, ha vuelto a la palestra. El Partido Popular, dirigido por Alberto Núñez Feijóo, no ha tardado en situarlo en el foco y en denunciarlo como lo que, según sus fuentes, es: "única y exclusivamente una estrategia electoral" para arañar votos de la izquierda ante las elecciones de Castilla y León.
Desde Moncloa se verbalizó la posición del Ejecutivo con la frase "No a la guerra" en una declaración institucional. Inicialmente, en Génova decidieron no cargar contra el eslogan para no amplificarlo. Pero la prudencia fue sustituida por la ofensiva: el PP optó por responder para "desmontar" lo que define como las "mentiras", "incoherencias" y "contradicciones" del presidente Pedro Sánchez. "El PP no elude ningún debate", señalan las fuentes del partido.
Feijóo marcó la senda en el Congreso, tildando la postura de Sánchez de engañosa cuando, según explicó, simultáneamente se envía una fragata a Chipre. En su formulación contundente, habló de "la ética del engaño en versión internacional" y pronunció la frase repetida desde Génova: "Como siempre Sánchez miente". Otros dirigentes del PP han ido más allá al subrayar la aparente disonancia: rescatar un lema pacifista mientras se envía el navío de guerra 'Cristóbal Colón' "a la guerra", notando la paradoja implícita.
En Génova no creen que esta "fórmula vintage" vaya a alterar el voto en Castilla y León, al menos entre los electores de centroderecha. "No veo que la gente de Zamora o Soria vaya a votar pensando en Irán", resumen en el equipo de Feijóo, que considera que los ciudadanos de esas provincias se preocupan por sus problemas cotidianos y, llegado el caso, ponderarán cuestiones como las presuntas tramas de corrupción o el papel del expresidente Zapatero en el caso Plus Ultra.
El razonamiento del PP es claro y rotundo: la reactivación del "odio a otros", la apelación a viejas polémicas —en este caso la referencia a José María Aznar por la guerra de Irak—, sirve únicamente a la táctica del momento. Para sus dirigentes, recuperar esa dialéctica es una admisión de que el presidente no ofrece ilusión ni proyecto convincente, sino que recurre al muro del "todos contra mí". En suma, lo que para Sánchez es una declaración institucional, para sus rivales se convierte en munición electoral que conviene desactivar.
No inventar hechos ni exagerar: las fuentes del PP han expuesto su lectura y han elegido confrontarla públicamente. El debate plasmado en la arena política es nítido: ¿mensaje pacifista sincero o recurso para arañar apoyos? La respuesta la harán, al final, los votantes en las urnas y la propia dinámica política que se desencadene en los próximos días.
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