Negación y sombras en Kitchen: la versión oficial que no disipa dudas
Sáenz de Santamaría y Arenas niegan vínculo del CNI y desconocen grabaciones, mientras los seguimientos persisten en el relato de los Bàrcenas

Redacción · Más España


Soraya Sáenz de Santamaría compareció este lunes en la Audiencia Nacional y, con la firmeza que da quien ocupó la Vicepresidencia del Gobierno y controló los servicios de inteligencia, negó rotundamente tener constancia de la llamada operación Kitchen. "No tengo constancia de esa operación durante mi época de Gobierno", declaró ante las acusaciones populares ejercidas por Podemos y el PSOE.
La réplica fue mecánica y precisa: ante la pregunta sobre si recordaba la primera información en prensa sobre el robo de material comprometedor a Luis Bárcenas, la ex vicepresidenta dijo no recordar la noticia y afirmó no haber sabido de ello desde el Ejecutivo. Asimismo, al ser instada sobre vigilancias o seguimientos al entorno de la familia Bárcenas entre 2013 y 2015, su respuesta fue igualmente escueta: "No me consta".
El interrogatorio dio paso a una curiosa tentativa de identificación por parte del PSOE: comprobar si Sáenz de Santamaría podía ser la "rubita" mencionada en una conversación entre acusados vinculada al operativo. La testigo repasó su aspecto en aquellos años —"rubio, pero oscuro..."— hasta que la presidenta del tribunal ajustó la puntualización: "castañito claro".
A diferencia de la ex vicepresidenta, Javier Arenas compareció por videoconferencia. El ex líder del PP andaluz negó haber tenido conocimiento de la supuesta grabación de su encuentro con Bárcenas y sostuvo que, de existir, fue sin su aprobación ni conocimiento. Arenas subrayó que por entonces estaba centrado en las elecciones andaluzas y que nunca tuvo responsabilidades en áreas relacionadas con la operación enjuiciada: Justicia, Interior o Defensa.
A preguntas más concretas, Arenas recordó una reunión en Sevilla con Luis Bárcenas a finales de 2012 en la que, según su relato, Bárcenas defendió la legalidad de sus actuaciones y expresó su enfado con fiscales y policía. Sobre peticiones al partido respecto de la investigación, Arenas evitó una respuesta tajante, limitándose a plantear que Bárcenas pensaba que la llegada del PP al Gobierno podría implicar cambios en personas responsables de la investigación judicial.
El primer testigo de la jornada fue Guillermo Bárcenas, hijo del ex tesorero, quien además ejerce como acusación popular. Relató que su padre le habló antes de entrar en prisión de grabaciones y que le comentó haber subido al despacho de Rajoy en presencia de Arenas. Guillermo centró buena parte de su testimonio en los seguimientos que sufrió la familia: motoristas que los vigilaban, cámaras en los cascos y la sensación constante de ser observados. Esos episodios de vigilancia son, según las acusaciones populares, un elemento esencial del operativo Kitchen.
El interrogatorio de Guillermo también abordó episodios colaterales, ajenos estrictamente al objeto del juicio, como el asalto al domicilio familiar por un falso cura —ya condenado y fallecido— que, a punta de pistola, reclamó documentación sensible. La aparición posterior del que fuera chófer de la familia, hoy en el banquillo, alimentó las sospechas sobre espionaje y seguimientos.
La jornada dejó, pues, una doble imagen: la de dos testigos relevantes del centro-derecha negando conocimiento o implicación —la ex vicepresidenta y el ex líder andaluz— y la de los relatos de la víctima, con Guillermo Bárcenas describiendo seguimientos y grabaciones que mantienen viva la controversia. Las acusaciones populares mantienen la hipótesis de participación de servicios e instrumentos de inteligencia; los testigos interrogados por el tribunal lo niegan. La Audiencia Nacional seguirá desgranando esa tensión probatoria en próximas sesiones.
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