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Montero transforma el 8M del PSOE en tribuna de Gobierno

Del homenaje a Clara Campoamor al estribillo oficial: 'No a la guerra. Y sanidad pública'

Redacción Más España

Redacción · Más España

10 de marzo de 2026 2 min de lectura
Montero transforma el 8M del PSOE en tribuna de Gobierno
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La escena fue diáfana y deliberada: en la entrega de los premios Clara Campoamor, la vicepresidenta primera del Gobierno y secretaria general del PSOE andaluz, María Jesús Montero, no dejó lugar a interpretaciones. "No a la guerra. No a la guerra. No a la guerra. Y sanidad pública" fue la letanía que elevó desde ese acto conmemorativo del Día Internacional de la Mujer.

No hablamos de una intervención tangencial ni de una alusión casual. Montero convirtió la ceremonia en una caja de resonancia del argumentario de La Moncloa sobre el conflicto en Oriente Medio y, simultáneamente, en una reivindicación de la sanidad pública frente al "deterioro" que, según ella, sufre en la comunidad. Es decir: un acto de partido que asumió la forma de mitin político y mediático.

Que una dirigente nacional utilice un homenaje centrado en los derechos y en la memoria de figuras feministas para reiterar consignas del Ejecutivo plantea preguntas sobre la línea que separa el simbolismo del 8M de la pólvora comunicativa del poder. Convertir premios en tribuna no es, en rigor, un hecho novedoso; pero sí es un gesto con intencionalidad: llevar el mensaje del Palacio a la sala y hacerlo resonar como si fuera la voz única de la representación pública.

Queda en pie el dato incontrovertible: la candidata del PSOE a la Presidencia de la Junta de Andalucía eligió ese escenario para sincronizar el discurso regional con el nacional. Lo hizo en Cádiz, en un acto informado por la cobertura periodística. Y lo hizo, según la crónica, poniendo en fila su rechazo a la guerra y su defensa de la sanidad pública, términos que entonó como consignas y como reclamos políticos.

El episodio es sintomático de una estrategia comunicativa: la fusión de conmemoración y propaganda, del reconocimiento simbólico con la movilización política. La pregunta que impone la ocasión es si los espacios de memoria y lucha por los derechos se resignarán a convertirse en altavoces de la agenda gubernamental, o si mantienen su independencia y capacidad crítica frente a quienes detentan el poder.

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