Montero anuncia retirada del Gobierno pero se aferra al escaño: una estrategia que interpela a la política
La vicepresidenta primera deja la Moncloa para la campaña andaluza, pero mantendrá su acta hasta la constitución del nuevo Parlamento autonómico

Redacción · Más España


La política es, a menudo, teatro y cálculo; a veces, solo cálculo que pretende disfrazarse de gesto. María Jesús Montero ha decidido despejar una parte del escenario: dejará el Gobierno cuando se convoquen las elecciones andaluzas. Pero no cierra el telón; conservará su acta de diputada en el Congreso hasta que se constituya el nuevo Parlamento autonómico.
No es un detalle menor: Montero anunció ante periodistas dos fechas posibles para la cita con las urnas —el domingo 31 de mayo o el domingo 21 de junio— y explicó que entre ambas fechas figura la prevista visita del Papa León XIV, circunstancia que, a su juicio, hace poco probable que la campaña coincida con ese evento. La competencia para fijar la fecha corre por cuenta del presidente de la Junta, Juanma Moreno; será él quien decida el calendario definitivo.
La vicepresidenta fue explícita sobre su ritmo de retirada: en cuanto se haga oficial la convocatoria electoral, abandonará el Gobierno "ese mismo día o al día siguiente" para dedicarse a la campaña en Andalucía. Un gesto pragmático y puntual, pero no absoluto: y es aquí donde radica la paradoja política.
Porque Montero ha explicado también que mantendrá su escaño en el Congreso unas semanas más. El motivo aducido es de carácter personal y laboral: conservar la plaza de médico que tiene asignada en el hospital Virgen del Rocío, ya que una renuncia al acta implicaría su reincorporación inmediata al puesto sanitario. Se trata, por tanto, de una decisión vinculada a su situación profesional sobre la que ella misma ha informado.
Esa determinación no ha quedado sin respuesta desde la oposición. Elías Bendodo la retó a renunciar al escaño cuando se convoquen las elecciones, instándole además a apartarse de Pedro Sánchez y advirtiendo que, de no hacerlo, "le irá muy mal" en los comicios. Antes, el secretario general del PP, Miguel Tellado, había advertido que Montero ya estaría "con las maletas en las puertas del Ministerio rumbo al matadero electoral de Andalucía", anticipando un "batacazo en las urnas". Ester Muñoz, por su parte, aseguró que en el PP celebrarán "sin ninguna duda la derrota" de su candidatura.
Estos reproches y pronósticos completan el cuadro: una ministra que abandona el Ejecutivo para disputar una elección autonómica, que mantiene su acta para salvaguardar una condición profesional, y una oposición que convierte cada paso en munición electoral. No son invenciones ni hipérboles: son los hechos que han sido comunicados y que configuran, con claridad, la escena política inmediata.
Queda por ver cómo valorarán los ciudadanos esta mezcla de presencia parlamentaria y activismo electoral autonómico; si lo entenderán como prudencia profesional o como un paso intermedio calculado. Lo cierto es que la decisión de Montero abre interrogantes sobre ética y percepción pública: ¿es compatible el compromiso con la campaña andaluza y la permanencia temporal en un escaño nacional? El calendario, las explicaciones y las réplicas políticas ya están sobre la mesa. La respuesta la darán las urnas y el tiempo, pero hoy la noticia es esta: se convoca a la acción y la estrategia ya ha comenzado.
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