Montero abre la puerta: ¿rearme de la izquierda o reparto de poder?
De vetos a encuentros: la nueva coreografía de la izquierda alternativa busca sintonía y liderazgos

Redacción · Más España


La política no perdona los gestos ni las palabras. Ayer, en Barcelona, Irene Montero y Gabriel Rufián representaron en clave pública lo que ya se intuía en los pasillos: la derecha tiene enfrente una izquierda que intenta recomponerse y, para ello, decide hablar.
Montero dejó atrás la retórica de los vetos. Preguntada sobre si el modelo de la izquierda alternativa incluye a Sumar e IU, respondió con una frase de certera implicación: "hay que hablar con todo el mundo". No hubo anuncio de pactos cerrados ni nombres sobre la mesa; sí una voluntad pública de diálogo y cautela: "las conversaciones siempre existen" y nada se dirá sin acuerdos previos.
Ese gesto público encuentra su eco en la otra orilla del espacio progresista. La coordinadora de Sumar, Lara Hernández, calificó el acto de "paso más" y definió cualquier diálogo como "un ejercicio sano" que puede contribuir a "construir un proyecto político ganador" capaz de "plantarle cara a la ofensiva de derecha". Las palabras son claras: la intención de entenderse existe, y se reclama responsabilidad para traducirla en resultados.
Pero la foto del acto —Montero haciendo "equipo" con Rufián— no borra las aristas del problema. Desde Podemos se plantea que su marca pueda ser el paraguas para la izquierda en toda España, salvo en Cataluña, donde el liderazgo correspondería a ERC. Esa propuesta introduce un eje ineludible: quién encabeza, cómo se reparten las listas y, en definitiva, cómo se reparte el poder.
Montero no elude el asunto: reconoce que "el poder es importante" y que "cómo se reparte el poder es importante". Lo formula con franqueza: no da igual quién lidera. Y añade la advertencia que todos saben sin decirla por completo: la definición de las listas puede ser determinante para que un proyecto salga adelante o se quede en buenas intenciones.
En Andalucía se ha visto ya un movimiento tangible: la integración de Podemos en Por Andalucía, junto a IU y Sumar, levantó un veto que parecía incuestionable. Esa apertura regional proyecta una posibilidad: la conversación, incluso la convergencia, es practicable cuando las circunstancias y las fórmulas lo permiten. Pero trasladar esa experiencia a la escala nacional exige resolver tensiones mayores y dirimir protagonismos.
Ni Montero ni Hernández han puesto un nombre encima de la mesa. La propuesta de que la militancia decida en primarias es la salida institucional elegida por Podemos para dirimir liderazgo, y deja abierta la contienda a la participación interna. Es, además, una forma de evitar imposiciones externas y de legitimar, públicamente, quien finalmente encabece el proyecto.
Queda, por tanto, una doble verdad: existe la voluntad pública de diálogo entre Podemos y Sumar; y existe un escollo concreto y reconocido por las mismas partes: el reparto del poder y la confección de listas. Dos verdades que obligan a convertir el gesto en negociaciones y la voluntad en acuerdos concretos. No es lo mismo prometer diálogo que pactar liderazgos. La izquierda alternativa lo sabe, y la derecha observa.
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