Moncloa respira: del 7-0 a la narrativa que rehace la campaña
El liderazgo anti‑Trump de Sánchez oxigena al PSOE y expone las contradicciones del bloque de la derecha

Redacción · Más España


No es un giro táctico menor; es una reconquista del relato. Dos años después de aquel abril convulso, sin Presupuestos y con la mayoría evaporada, el presidente Pedro Sánchez ha encontrado un respiro político que no aparece en las encuestas pero sí en la percepción de su propio equipo: la investidura en Barcelona como líder mundial anti‑Trump ha insuflado en Moncloa un ánimo distinto.
«Íbamos perdiendo 7-0», reconocen colaboradores socialistas. Esa frase no es elegía sino aviso: lo que parecía un partido condenado ha recuperado un punto de resistencia moral y estratégico. El No a la guerra y el pulso mantenido con la Casa Blanca, en público y en directo, han sentado en la balanza razones que trascienden los debates domésticos y relegan, por el momento, los escándalos y las crisis internas que antaño desestabilizaban al Gobierno.
Queda claro, según fuentes del PSOE citadas en la crónica, que asuntos que antes sacudían la gobernabilidad —la reacción a declaraciones de Junts, la vista oral contra José Luis Ébalos— han perdido capacidad de daño inmediato. La nueva solidez comunicativa del presidente le permite mirarse en un espejo que proyecta eco internacional y despeja, dicen, la incógnita sobre Feijóo: «nadie sabe cuál es la posición de Feijóo», subrayan, y sostienen que «no tiene política propia».
Ese diagnóstico es político y tiene su derivada táctica: el PP, al pactar con Vox en comunidades como Extremadura y Aragón incorporando la «prioridad nacional» sobre inmigración, ha dejado a la vista tensiones públicas con su aliado. «PP y Vox se están matando públicamente a la vez que pactan en las comunidades», apuntan fuentes socialistas, que convierten esa paradoja en argumento central: la derecha aparenta incapacidad para hacer pactos duraderos, mientras el PSOE exhibe su experiencia en acuerdos con fuerzas diversas.
Moncloa interpreta esa disputa como oportunidad pura: si la ciudadanía quiere resistir al avance de la ultraderecha, sólo puede confiar en el PSOE, sostienen. Con ese ánimo «oxigenado», a pesar de los malos sondeos, Sánchez y sus ministros se preparan para disputar las citas electorales que vienen —las autonómicas andaluzas, las generales— sin conceder nada por perdido.
No todo es calma institucional. La crónica recoge también otros frentes que cruzan el tablero: la petición de Junts en el Congreso para que el presidente convoque ya elecciones, la orden judicial para que Jordi Pujol viaje a Madrid para ser examinado por un forense, o las críticas sobre la atención a su estado de salud. Son episodios que, hoy por hoy, no rompen el relato de Moncloa: la percepción de liderazgo internacional y la división en la derecha ocupan el centro del análisis político del Ejecutivo.
El resultado no está escrito. Lo que sí es visible en la narración que manejan en la sede del poder es un cambio de ánimo y de prioridades: dejar atrás «los debates basura» que, según sus propios portavoces, esparce la oposición, y subirse a un escenario donde la política exterior y la lucha contra la ultraderecha sirven de vacuna contra la derrota anunciada. Del 7-0 al contragolpe discursivo: esa es la apuesta que hoy guía a Moncloa.
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