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Moncloa descalifica a Aldama: la gravedad de una palabra que pesa en la cúpula

El Ejecutivo responde con dureza a las declaraciones del empresario en el juicio contra Ábalos

Redacción Más España

Redacción · Más España

29 de abril de 2026 2 min de lectura
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Moncloa descalifica a Aldama: la gravedad de una palabra que pesa en la cúpula
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La frase arrojada desde el núcleo duro del Ejecutivo no es una metáfora diplomática: "Es un fantasmón, un mentiroso", zanjó una fuente de peso en Moncloa. Palabras duras, medidas y destinadas a neutralizar una acusación que, por lo que se lee, amenaza con contaminar la atmósfera política.

Víctor de Aldama, sentado en el banquillo del Tribunal Supremo junto al exministro José Luis Ábalos y su exasesor Koldo García, atribuye al presidente Sánchez un agradecimiento personal en 2019: "Muchas gracias por todo, sé perfectamente lo que estás haciendo y quería darte las gracias", afirmó, según su relato. El empresario dice que fue llevado a un mitin donde se presentó la candidatura de Pepu Hernández y que allí se produjo ese encuentro con el presidente.

La respuesta oficial es tajante: fuentes del Gobierno sostienen que esa declaración son "las palabras de un mentiroso" y proclaman "máxima tranquilidad", recordando además una apelación elemental del ordenamiento: son acusados en un banquillo y "tienen derecho a mentir", según dicen.

Pero las ruedas libres de la política no perdonan el rumor. La noticia trae consigo una inquietud explícita sobre la mesa de Moncloa: el presidente, admiten quienes le conocen, no es insensible a lo que ocurra en el juicio. "Al presidente no le da igual lo que pueda pasar. Tiene inquietud", reconoce una fuente citada por el diario.

Ese escenario judicial se filtra en la vida del Gobierno y en las alianzas que sostienen la legislatura. Socios parlamentarios, citados en la crónica, ya reclaman soluciones drásticas: la portavoz de Junts pidió sacar las urnas y el PNV se subió al mismo carro. El juicio —subraya la información— puede arruinar el plan del presidente de buscar oxígeno en la política internacional.

Dentro del PSOE, el relato es polisémico y dividido: hay hierro para todos los gustos. Críticos y sanchistas coinciden en denostar a Ábalos y a sus acompañantes, pero divergen en repartir culpas. Los críticos imputan al propio presidente haber cedido a personas "de dudosa reputación" cuando emprendió el camino para recuperar el liderazgo del partido; así se explica, en la crónica, un error de cálculo que habría acercado nombres interesados al entorno de Sánchez.

No se trata de una controversia menor ni de una disputa retórica: son testimonios, acusaciones y apreciaciones que ruedan en el epicentro del poder. Moncloa responde con desprecio y contención: deslegitimar la versión del empresario es la primera defensa. La política, sin embargo, no perdona la percepción de fragilidad. Y en este pulso entre el banquillo del Supremo y la mesa del Consejo de Ministros, lo que está en juego es, sobre todo, la credibilidad y la capacidad de maniobra del Gobierno frente a sus socios y ante la opinión pública.

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